jueves, 9 de octubre de 2014

David Lechuga Fernández

Una duda razonable

Hay días en que considero seriamente la posibilidad de desistir. No tengo razones, tan sólo sospechas de que con el tiempo las voy a tener. Pero hoy está siendo uno de esos días en que eso es razón más que suficiente. Por primera vez, he creído estar completamente hundido, víctima de mis miserias, escondido y asustado detrás de las palabras. Seguramente mañana me relajaré, pero hoy estoy en esa fase en que es mejor echarle la culpa a las circunstancias, al invierno, a la pereza o a cualquier abstracción inocente que pueda deducirse de una frase hecha.

Sé que nada de lo que me sucede es tan importante ni tan grave como me gusta creer, pero por un momento, he asistido a la ceremonia de mi propia derrota. Ha sido breve, pero poderosamente intensa. Se sostenía en argumentos sólidos, bien hilados, con una lógica de la que carezco para resolver pequeñeces cotidianas que llegan a causarme verdaderos estragos. Con muchísimo juicio he llegado a las peores conclusiones que, objetivamente, eran de una coherencia aplastante. Irreal, pero aplastante.

Extenderme más seguro que despertaría el interés de algún adicto a la psicología de bolsillo que se jactara de analizarse con maestría, y que quisiera extender su magisterio basándose en las cinco últimas frases para ver el desenlace y poder emitir así un diagnóstico -en todo caso precipitado- que no hiciera sino confirmar sus más fundadas sospechas. Las suyas, mucho más científicas, por supuesto. En el caso en que hubiera alguien interesado, estoy dispuesto a llegar a un acuerdo. Cobrando, por supuesto.


David Lechuga Fernández. Nació en Jaén. Reside en Madrid, España


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Nunca perdió más tiempo el águila que cuando escuchó los consejos del cuervo.
William Blake
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2 comentarios:

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Analía Pascaner