jueves, 14 de mayo de 2026

Susana Cattaneo

"Uno vuelve siempre, a los viejos sitios donde amó la vida" 

Vine a buscarlos y no estaban. 
Recorrí los rincones, los cuartos, el balcón. 
No estaban. 
Miré en la plaza cada banco, 
cada arbusto, cada esquina. 
No estaban. 
Sólo los vi en mi recuerdo 
que esperaba un poco de aire, un poco de aquel sol, 
un poco de aquellas mañanas repletas de amarillo. 
Los busqué, sí, los busqué 
en cada adoquín, en cada reja, 
en los pájaros que hoy son otros,
en las luces, en el pasto. 
En las nubes y en los trozos de cielo. 
Un día de lluvia, le pregunté al agua fresca. 
No estaban. 
Respiré mi aire, que es el de ellos. 
Me abracé a mí misma, los tenía en mi alma. 
Caminé y caminé hasta que llegué al pie de un tilo. 
Caí de rodillas. 
Entonces, por fin, pude llorar. 


     *   *   * 

Tatuado en las flores, 
está el perfil de Dios. 
El agua fresca 
inunda las arterias del aire 
y entre las piedras, 
las campanas traen un silencio apacible y dorado. 
Hay un destello que arrastra soledades 
que alguna vez fueron 
anillos de mis horas. 

    *   *   * 

Un ser invisible y distraído 
empuja el sol para que alumbre el paisaje. 
Giran todas las cosas en una espiral 
que se cobija 
detrás de mi corazón. 
Hoy llueve una belleza infinita
que nos hace eternos. 


     *   *   * 

Esta vieja angustia provoca ecos 
en los confines del pasado. 
Está vestida 
con lazos de broderí 
y en el cabello se anidan
reflejos del otoño.
Una larga pollera hecha de mariposas y pájaros
oculta sus tobillos. 
Sus ojos son grises, como la melancolía
y en su sonrisa se funde el fuego del dolor. 
Esta vieja angustia se sienta a mi lado,
abraza mi noche 
y junta mis lágrimas en un cofre de arena. 
Una nueva melodía 
comienza a escucharse 
en la sonrisa blanca del futuro. 


     *   *   * 

En el fondo de mi tristeza, te abrazo. 
Mis manos solas 
tejen con sueños de golondrinas 
el espacio de tu nombre. 
Hoy el corazón conoció el infinito; 
el mundo era otro 
y fue rozar apenas lo que no describe el lenguaje. 
Esos instantes hilaron tu voz 
mientras en el revés del tiempo, 
el vacío se iba ocupando con tu magia. 
Pongo mi mano en el hombro de la tarde 
y el cielo transforma sus lágrimas 
en un dulce rocío. 
Hoy el universo es un manto de cenizas 
y en esta distancia me duelen tus ojos. 


Susana Cattaneo
Buenos Aires, Argentina

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