dos noches con el mismo dolor ni la misma
penumbra. Cada noche se acerca con su lobo
que muerde hasta matar de distinta manera
para luego marcharse, con el primer claror del alba,
dejándote en medio de la lluvia.
Porque siempre, querido amigo, siempre
te lloverá con diferente olor a triste amanecer
en ese instante en que tu corazón,
como la vieja balaica, decida no seguir latiendo más.
Cada noche vendrá un ángel diferente a ofrecerte
la “vida eterna” y si le dices que no quieres más vida
que aquella que tuviste, en la que había un hombre
sentado ante la mesa, la mesa con su flor
en un vaso de agua y el agua deslizándose
donde la pérgola dormida; aquella vida apuntalada
entre los sueños y la realidad, entonces, ese ángel
levanta el vuelo y te abandona.
Todos tenemos una noche tendida al otro lado
de la puerta. La mía hace tiempo que ya la recogí
y la llevo guardada entre las manos,
como se guarda una amapola
entre las páginas de un libro.
* * *
Estas jaras que planto ante mi puerta
no son para dejar pasar el tiempo
ni para entretenerme. Esta luz que adivino
en el cristal de la ventana, no es pensando en mayo.
Tampoco este barco que cada noche surge y atraviesa
mi cama, con su mástil arañando los cielos,
se trata de los sueños de una mujer que desvaría.
Cuanto planto y camino y sueño será pensando en ti.
Aunque la casa ahora sea como ceniza diluida
por la lluvia,
tú sigues siendo para mí lo íntimo y pequeño,
como el encaje de mi enagua, la hebilla de latón
que abrocha mi zapato.
Tú eres la pequeña pastilla de jabón
que recorre mi cuerpo. Te aseguro
que el Padrenuestro de mis noches
no lo dirijo a Dios. Te está buscando a ti
que ya estarás sentado a la derecha,
no de Dios, sino de la profunda tierra.
Del libro de la autora: Regreso a ti. Madrid, 2025
Ángela Reyes
Nació en Jimena de la Frontera, Cádiz. Vive en Madrid, España
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