Neurosis
Contaba mi abuela que en Silvano, su pueblo natal a orillas del río D'Orba, el hombre lobo era fácilmente ubicable. Llevaba atada de una de sus patas traseras a la luna llena. Por eso su andar era torpe y siempre estaba delatado por la luminosidad. Como quien camina seguido por la luz de un farol sobre su cabeza. Los hombres del pueblo no querían cazarlo porque era demasiado sencillo. Además, creían que era uno de ellos. Un vecino que saltaba de su cama para cumplir un designio tan repetido como la neurosis, claro que mi abuela no decía neurosis. Decía que llevaría la misma repetida maldición aquel que matara a un vecino que tenía la desgracia de tirar de la luna vestido de lobo.
El analista
Kalman recuerda a Esteban en una pequeña historia surgida del oficio de psicólogo.
Julia, la paciente de Esteban no podía dejar de fumar a pesar de los ruegos de su familia. Tanto intentar ir a buscar palabras antes o después del cigarrillo, que un día la mujer dijo la frase terminal para el tema y al poco tiempo después para la terapia:
-Mire licenciado, no me indague más por el fumar. ¡A mí un solo cigarrillo me da más placer que un hombre!
La respuesta de Esteban fue inesperada, absurda, por no decir cómica:
-Pero usted me dice que fuma 60 cigarrillos por día. ¿No le parecen muchos hombres?
Textos tomados de Inventiva Social, publicación digital dirigida por Eduardo Coiro
Eduardo Coiro
Temperley, Buenos Aires, Argentina
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Analía Pascaner