Necesito un amor para no enloquecer a la gente.
Humedecernos en el río, y agarrar los peces
con la boca.
Escuchar la música de las palmas que
me obligan a mirar el cielo y verlas bailar.
Una excusa, beber café. Comer sin miedo,
tragarme la comida que nunca tengo.
Dejarle la suerte de los pobres, a los pobres.
Engañar la muerte detrás de los árboles,
perdonarle al tiempo su inocencia, librarlo de culpas.
Necesito estallar de risa, una mano que atraviese
de una vez la vida, la vida que se muere sin ser vista.
Sombra en el camino
Este escándalo de perros en mi pecho
es un túnel cargado de ganas.
Las ganas de no perder el camino
de regreso a casa, mi casa infinita:
tesoro abierto a las nubes,
delirio mientras me ausento.
Donde mi Dios es un regocijo entre ojo y lágrima
Una alegría que me deja libre
Libre como garza en busca de refugio.
Puesta la tarde como enorme oreja
me escucha el viento y me levanta la
gigante mano en el hombro
Impulso como algo inexplicable
que me carga con fuerza hasta hacerme
la misma garza.
Donde traigo las culpas
De donde traigo las culpas
nadie debe temerles, no son espinas
Son raíces del mal que tanto ahogo en el fango,
en las partes donde no soy nada.
Espero el tiempo para detener la aguja
ésa que ahora cose todo lo roto en mi interior.
Mis culpas pueden ser nuevas
Pero no las confundas
Porque son pasos ahogados en el corazón
Y me asusto y corro, pero no pasa nada
Tomo agua y no muero.
Caída y ascenso
¿Por qué temes acercarte al espejo?
Tan fiero viene a despertarte un día
¿Cómo debió ser su estreno?
Dejo mis amores con un grito,
como tambor sonando en mi cuarto.
Mis amores fueron sueños de águilas:
siempre batieron libres sus vuelos
se posaron en las ramas que los descotan
y arrancaron de un tajo, ese nervio palpitante
en espera de otro empuje del cuerpo al retrato.
Héroes de mi ventana
Los dos son como dibujos en papel estrujado
se van al parque cada tarde, a mirar los árboles,
a perderse en el pasado, decir adiós a los jóvenes.
Hoy los ojos de ambos tiemblan, la risa se hace muda.
Ella está camino a casa, y él desea acompañarla.
Más allá del mar, después de las nubes, el viento,
más allá de esa plaza en la almohada que sube.
Anabel Vera Suárez
Fomento, Cuba
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