La búsqueda
Desde aquí alcanzo a verlos. Pobres niños. Uno de ellos no para de llorar. La madre le grita y el pequeño retrae sus hombros, guarda la cabeza como intentando esconder el olor pestilente del monstruo que entra en su barriga. Los otros dos de allá sienten hambre y no hay nadie en la casa. Planeo y remonto. Aquella niña tiene juguetes que no han aprendido a volar. No doy más. Planeo y remonto y, nada. Apenas puedo sostener el cuello extendido y estas largas patas rojas van perdiendo gracilidad. Tiembla mi pico por el peso del hatillo. Soy asustadiza y estoy cansada. Pese a todo, hasta que no encuentre un destello de amor y ternura, no soltaré a este niñito.
Ausencia
Aparezco, desaparezco. Aparezco, desaparezco. No me oculto ni me buscan. La única inconveniencia de ser invisible es que, a veces, me pierdo y no puedo encontrarme…
Arte sexual
Pintemos con todos los colores, nos decimos. Y tomados de la mano sostenemos el marrón, el verde, el sepia. Él se apresura y pinta con el rojo, el anaranjado, el amarillo. Alcanza el cielo sin que yo quepa en el asombro. Luego, retornamos a nuestro mundo acromático. Eso no es todo. Lo peor llega cuando nos hundimos en la fosa de las palabras muertas.
María Fabiana Calderari
Santiago del Estero, Argentina
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