El Árbol de los Enamorados
Estampa
No es un secreto para los asiduos visitantes al Vivero Cosme Argerich, de San Clemente del Tuyú, ser sorprendidos por formas misteriosas o raras.
Lo asombroso se va dando cuando se deja el intenso sol de la playa en los días más calurosos de enero y por algunos pasajes casi ocultos a los bañistas bisoños, uno se puede encontrar con un paraíso casi selvático.
El verde de todos los tonos es el que prima en este gigantesco Vivero Argerich de varias hectáreas, pero luego estarán los rojos, los amarillos, los sepias y los azules de sus flores diseminadas en lugares estratégicos. Pero se acompañará este colorido con los subidos tonos de rojo de gajos arrancados de distintos árboles, de hojas marrones y amarillas y el intenso marrón y negro de las piñas sembradas por todos los lugares.
Pero lo que más sorprende en ese lugar tan extraño y bello, es lo que llaman el árbol de los enamorados.
Posiblemente sea la fijación casi centenaria de un eucalipto gigante, de la familia de las mitráceas, de mucha altura y de ramas que se elevan persistentes hacia el firmamento.
Pero lo que nos llamó la atención fue que cuando preguntamos por el árbol de los enamorados, las mujeres que cuidaban algunos sectores del Vivero se ruborizaban y uno de los guarda parques puso mucho reparo en acompañarnos hasta su ubicación.
Cuando luego de varios rodeos por fin pudimos localizarlo. lo primero que nos sorprendió fue su inmenso tamaño y altura, bien podría llamarse: “Padre y señor del monte”, como dijera el poeta. Pero no es ésta la cuestión creo; se llega al secreto guardado por muchos años de cursilería pueblerina al divisar dos figuras humanas esculpidas en el tronco del árbol. Una representa a una mujer desnuda ofreciendo su bella cabellera, espalda y la redonda cintura al abrazo de esta planta y muy cerca la figura de un enamorado con sus manos extendidas acariciándola.
Es tan perfecto y sensual este capricho de la naturaleza, que muchos se sonrojan o incomodan al descubrirlo. Quizás no sea tan caprichosa esta escultura natural. Dicen los lugareños que pueden ser dos enamorados fugitivos perdidos en ese monte, que murieron de frío y de amor en una noche helada. Acompaña esta creencia el llanto nocturno de sus altas ramas como si fuera un llanto rítmico y profundo de una mujer y de un hombre.
Roberto Romeo Di Vita
Buenos Aires, Argentina
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