Ya se venía diciembre
con sus noches azules
y sus lentos jardines.
Ya asomaba el verano
en el verde de las copas
y alguien tocaba Beethoven
desde un piano en la casona.
Yo, audaz, robé un jazmín
y te lo regalé con un beso.
Caminamos de la mano
por última vez las queridas
calles del viejo pueblo que
despedía nuestra adolescencia.
Todo comenzaba allí,
todo empezó esa noche
cuando ambos comprendimos
que la felicidad es imprevista
-que la magia aún existe-
y la vida puede ser maravillosa.
Un lejano enero
Enero venía silencioso
con tus pies descalzos,
flotando sutil en el aire
y aquellos poemas
que escribí en la arena.
Enero iba lento
por este mismo río
ancho como mar,
venía entre los pinares,
aroma de adolescencia.
Enero se fue detrás
de soles anaranjados
que jamás regresarán.
Aquel enero se escapó
como agua entre los dedos
pero estará siempre
dentro nuestro al volar.
La colina de la vida
Dios en su infinita
sabiduría
ha repartido
dones y capacidades
para nuestra misión
en esta tierra.
Dios sabe más
y equipa a cada uno
con lo necesario
para escalar
hasta las cumbres
la montaña personal.
Resurrecciones
“Este oficio de resucitar entre los muertos”
Gustavo Esmoris
No hacemos poesía;
la poesía nos hace,
nos levanta cada día
del polvo y el silencio
que seremos algún día
en una tranquila tumba.
El verso logra el milagro
de rehacernos a partir
de nuestras cenizas,
nos da el hálito para
levantarnos y andar
una nueva jornada.
No hacemos poesía:
ella nos rehace.
Del libro del autor: Poesía reunida (2010 – 2020). Prólogo del autor. Canciones como poemas
Daniel Abelenda Bonnet
Carmelo, Uruguay
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