jueves, 5 de febrero de 2026

Daniel Abelenda Bonnet

Claro de luna 

Ya se venía diciembre
con sus noches azules 
y sus lentos jardines. 
Ya asomaba el verano
en el verde de las copas 
y alguien tocaba Beethoven 
desde un piano en la casona. 
Yo, audaz, robé un jazmín 
y te lo regalé con un beso. 
Caminamos de la mano 
por última vez las queridas 
calles del viejo pueblo que 
despedía nuestra adolescencia. 
Todo comenzaba allí,
todo empezó esa noche 
cuando ambos comprendimos 
que la felicidad es imprevista 
-que la magia aún existe- 
y la vida puede ser maravillosa. 


Un lejano enero
 
Enero venía silencioso 
con tus pies descalzos, 
flotando sutil en el aire 
y aquellos poemas 
que escribí en la arena. 
Enero iba lento 
por este mismo río 
ancho como mar, 
venía entre los pinares, 
aroma de adolescencia. 
Enero se fue detrás 
de soles anaranjados 
que jamás regresarán. 
Aquel enero se escapó 
como agua entre los dedos
pero estará siempre 
dentro nuestro al volar. 


La colina de la vida 

Dios en su infinita 
sabiduría 
ha repartido 
dones y capacidades 
para nuestra misión 
en esta tierra. 
Dios sabe más 
y equipa a cada uno 
con lo necesario 
para escalar 
hasta las cumbres 
la montaña personal. 


Resurrecciones 

“Este oficio de resucitar entre los muertos” 
Gustavo Esmoris 

No hacemos poesía; 
la poesía nos hace,
nos levanta cada día 
del polvo y el silencio 
que seremos algún día 
en una tranquila tumba. 
El verso logra el milagro 
de rehacernos a partir 
de nuestras cenizas, 
nos da el hálito para 
levantarnos y andar 
una nueva jornada. 
No hacemos poesía: 
ella nos rehace. 


Del libro del autor: Poesía reunida (2010 – 2020). Prólogo del autor. Canciones como poemas 

Daniel Abelenda Bonnet 
Carmelo, Uruguay

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