lunes, 8 de octubre de 2007

Sebastián H. Slobodjanac

16

Dices, a esta altura,
que no crees.
Y, probablemente,
como cambian las creencias, los saberes,
es probable que a ciegas extiendas tus manos…
Y entonces crees.

17

Qué básico y qué sencillo:
cuando salgo por la vereda
del frente de la vida,
aunque piense
que no hay nadie;
aún así te encuentro en cada horizonte,
en cada desierto
y en todos los árboles.

18

Es púrpura y es salvaje
beberse el infinito
en un solo trago de universo.

29

Hay un ruiseñor
que canta hasta morir
y muere al no cantar.

30

Estamos en el camino
o bien el camino
está en nosotros
y nos trasciende.

31

Mirabas desde lejos,
con la ironía de quien juzga
y se cree todo lo que juzga.
Ven aquí, con nosotros
y tan sólo bailemos
y verás cómo cesan los pensamientos.

32

A luz de nuestros ojos
hicimos una rueda
y su calor nos dio cobijo
y su profundidad nos dio abismos.
Reunámonos, otra vez,
a la luz de nuestros ojos
y no habrá memoria ni olvido.

393

…que no para de llover
y esto sí que es diluvio,
baldazo, tempestad, etcétera,
a cuatro manos,
a cuatro ojos,
a dos nubes casi celestes,
a dos llantos humanos.

Sebastián H. Slobodjanac – San Juan

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No necesito tener la última palabra si puedo tener el último silencio.
Rubén Vedovaldi

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