domingo, 14 de diciembre de 2014

Gustavo Vaca Narvaja

Rebelde

No existe la devoción que tejen los cielos. Esos nimbos retozan en formas extravagantes de vendavales y borrascas, en un vacío impetuoso, facilitado por el arrebato de tus alas, cuando recién ejercitabas el volar. Ahora, permaneces enclavada entre muchedumbres hacinadas, viviendo en el estiércol de resumideros pestilentes. Y como la borrasca devasta playas refinadas donde el paisaje se nubla a gris ceniza, no pretendas ser una brisa cálida en playas ciudadanas; tampoco pretendas beber sangre que derraman los poderosos. Tienes la sed del hambriento, del proscrito, del rebelde. Ansías limar barrotes de celdas favoritas, que mantienen, cautivo y acicalado, el capricho; en ese estado de abandono, por el tremendo silencio del desencanto, quedas sobre lienzos descartables para tus lágrimas secas; donde nace un bramido inhumano, ocioso y vehemente, derrocando el sueño ficticio a la vera de utopías mancilladas sobre una muralla de recuerdos desnudos, donde emergen gigantes y eternos; es en la parte más gris de la sombras, y en la luz más apagada del día, donde nacerá quien aguarde tu regreso.
¡Siempre!


Deshabillé

El Deshabillé fue la única piel que pudo retirar suspirando, y gozar del suave y metódico planeo del cóndor. El brassiere, festivo y derrotado, permitió buscar la senda exacta, donde afloró el fuego anhelado. Sus manos recorrieron una y mil veces el cuerpo de esa mujer, cuya piel era la seda codiciada y eternamente apetecida. Si bien antes fue esquiva, hoy se entrega dócilmente, y es ganada al cosmos, en un desafío de sutil hechizo. Los sueños abrigaron su sonrisa ante una naturaleza salvaje y exuberante, que sólo atinó a protegerse de su tamaña belleza, cohibiendo la majestad de la sorpresa e implorando que la armonía impere y regrese. Superada la demencia insólita del deseo, que asió regocijado esos dos cuerpos indivisos en su embeleso, vivió en plenitud su hechizo.


Paloma

Una paloma cándida, malgastada, calada bajo el agua, respira. Una paloma inutilizada, abatida bajo la arena, despierta: tiene los ojos abiertos y sus alas quebradas por el tiempo; las patas atadas con alambres de seda, no impidió que el viento deje libre su loza y la paloma regrese a su vuelo. Hay una paloma cándida, volando con alas sanas y patas libres de sedas, que toma vuelo y vive.

                     
En tu edén

Apeteces el espacio indolente, libre de tirria. Florecen espigas vanidosas, mientras un cielo sumiso resguarda momentos de inolvidables encantos. Tus manos delicadas repujan la esfinge del ideal ausente, un espacio pleno cobija tus olvidos, y en tu edén lloviznan matices asombrosos.


Sueños calmos

No hace falta…, no hace falta que te arrulles bajo la sombra de los árboles, custodiando el Sena como Coubert te inmortalizó. ¡No! No hace falta que corras tras tu belleza calma, ni desesperes por encontrar tus ojos en el firmamento o las estrellas en tu rostro, como lo soñó Shakespeare. Sueña igual, despabilada igual, ¡igual!, cerrando tus ojos, porque cientos de efímeras imágenes resucitarán sin el pincel de Hayez, que dejó la pureza de tu desnudez virgen e intacta en espejismos sin tiempo, en calendarios tibios y ausentes de fechas precisas, con recuerdos deslizándose suavemente sobre la imaginaria lámina gredosa de la memoria. Los sueños calmos lucen siempre eternamente vestidos, vestidos de ilusión, como una gota cristalina de lluvia pendiendo del pétalo virgen de nenúfares, que coronan el sueño de la infanta de Millais, con sus pequeñas manos abiertas suplicantes y su mirada frágil, navegando en el espacio. No hace falta que duermas. ¡No…, no hace falta! Delira con tus fantasías, con tu arte y creatividad potenciada, ¡deja que fluya…! Deja esas imágenes libres de suplicio, para que cobren una vida exultante, liberadas de sórdidas penumbras y de la nimiedad imperante. ¡Fue Baudelaire!; no yo, quien te premió a que el tiempo no pueda destruir tu dócil armonía y tu trajinar refinado. No hace falta que duermas. ¡No…, no hace falta!
Estás viva. ¡Viva!


Poetas y su mundo

Y si los poetas crearan su propio mundo? ¡Ah! ¿Para ellos? ¡Sí, para ellos o ellas! ¡Todos! ¿Y cómo sería ese universo? Porque dicen que eternamente sollozan, que son acongojados, que se laceran, que han perdido algo, o que escudriñan algo, que rondan mucho y también… sufren. ¿Y quién lo dice? Lo dicen… ¡los que no son poetas! ¡Ah! ¿Y ellos? ¿Qué mundo poseen? ¿Cómo? Sí, ¿de qué mundo disfrutan? ¡Parece muy feo! ¿Por qué dices eso? Porque se quejan, sufren, hablan del dolor. ¿Y del amor? Poco, hermano, poco. Lo han perdido, puesto que lo buscan en el vacío. ¡Ah! ¿El mismo mundo entonces? ¿Cómo? ¡Sí, el mismo mundo! Sólo que el poeta es capaz de dar vida. El poeta y el arte, mi amigo y hermano, son creadores de belleza con palabras, como el pintor con sus pinceles, o el tenor con su voz, o el músico con sus glosas melodiosas… Porque la poesía es Himno-Melodía-Utopía-Fantasía-Fogosidad-Encantamiento. ¡Deleite perpetuo! que, a veces, renuncia. ¿Oyes? ¡Sí!… ¡Ah!... ¿El mismo mundo entonces? No lo sé. ¿Qué opinas tú?


Asesino

Nunca pensó que lo lograría; su mano se mantuvo firme, el índice sobre el gatillo obedeció en pocos segundos su orden: ¡fuego!, y la bala emergió limpiamente. Al comienzo tiritó, y el sudor frío invadió su piel. Un asesino -se dijo- debe tener sangre fría”, y él no sabía aún que la tenía. Mientras tanto, la víctima mira paralizada; fue en ese momento que supo que sí, lo era. Se sintió todopoderoso. El cuerpo de ese hombre se sacudió en el asombro y después aceptó la muerte en silencio. Dicen que no hay malestar, y lo que más duele es el terror previo, que no dura mucho. Apenas puede admitir la maldición como descargo; pero ya es tarde, la sombra de la muerte lo envolvió. Guardó el arma homicida y se fue silbando por las calles vacías y oscuras. Tenía mucha sed y los bares estaban todos cerrados.


Del libro Sueños Calmos. Poesía en prosa. Colección Sur de Poesía, Ediciones de La iguana, 2012

Gustavo Vaca Narvaja
Córdoba, Argentina

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