sábado, 15 de junio de 2013

Carlos Benítez Villodres

-Málaga, España-

Vida cerrada
 
Avanzaba la noche por las calles de siempre
entre un barullo de elegías vacuas
y el manso discurrir
de un conformismo en el ayer anclado,
hijo de la ceniza y de lo inmóvil.
Las insatisfacciones, las polémicas,
esas guerras febráticas del alma,
esas pisadas nunca compartidas…
corrían cortejadas por conflictos
semejantes a olas extraviadas.
Los abismos de sangre lastrada e insondable
se hallaban al alcance de la mano,
aguardando quizás el gran momento
para expandir su imperio de tumores
y heridas que no sanan.
Por los aires sin rostro, desnudos como un cardo,
volaban hábilmente las sombras de lo efímero.
Avanzaba la noche y, con ella, la vida
cerrada a los deseos
del hombre sin aplausos merecidos.
Sólo a los buitres fatuos y arrogantes
se les proporcionaba un lugar en el cielo.
A ellos que nunca transformaron muros
en ternura de madre,
o en ilusiones jóvenes,
o en cálido regazo para niños.


Rebelde
 
Como una aurora joven
miraba al horizonte con la inquietud por ojos.
Lo heroico de los lirios
estaba aún por llegar
por los siete caminos seminales
del placer que penetra
a través de los hilos sin arrugas.
Ni un pájaro buscaba las hilachas
que ya se desprendieron
de las tinieblas de la medianoche.
Ni un árbol conversable
soñaba con los velos
de niebla que jamás encontraron sentido
a las cercas que extienden su oleaje
hasta las cuevas de la cerrazón.
De todos modos, nada le importaba
sentirse removido por las rudas orgías
de las voces desérticas.
Una muchacha herida, un puente inmaculado
a su cruz se aferró
con la fuerza vital de los espejos.
El día caminaba
entre silencios firmemente anclados.
Un día inconformista como él.


Del libro inédito Los puentes debilitados. Editorial Granada Club Selección. Granada, 2007

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Un barco no debería navegar con una sola ancla, ni la vida con una sola esperanza.
Epicteto

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