miércoles, 13 de junio de 2012

Milagros Salvador

-Madrid, España-

Me cruzo con tus ojos

Nace el color como la aurora nace,
en un parto de luz, rosa, violeta,
la llama horizontal que busca el cielo.
Me cruzo con tus ojos, anónimos, perdidos,
con tu mirada sola,
y por la calle cuando pasas con tu crespón oscuro
me hieren las preguntas lo mismo que cilicios
que asesinan la carne.
El mundo es más pequeño
cuando se ignora la voz que no se anuncia,
y envenenado de alfileres
se oculta la salida.
La rabia se ha prendido en mi garganta,
y entonces yo siento que me llamo
todos los nombres de mujer.


Estos cansados versos

………………………………………A Mariana Pineda

Estos cansados versos que dedico,
que la vida no sé si se merece,
bordados de palabras,
con agujas que cuida los perfiles
de flores y de sombras,
en este bastidor, redondo y sin salida.
Estos cansados versos,
mujer que llevo dentro, frente a frente,
son tus ojos abiertos como corolas en abril,
un arco en tus pupilas dibujó el desengaño
en el feroz instante marcado como un crimen.
No hubo pañuelos blancos de los viejos amigos,
ni un vuelo de palomas quiso anunciar tu muerte,
ni las lágrimas nobles
encontraron permiso a su dolor.
Estos cansados versos envejecen
cubiertos de vergüenza por los hijos malditos,
de aquel tiempo maldito,
entre pequeños soles que relucen
en los pechos cobardes.


Casas de muñecas

Fue nuestra casa de muñecas
edículo sin nombre
que marcó la inocencia,
realidad diminuta
de horizonte pequeño.
Y fue donde aprendimos
a conocer el mundo
tan cercano a los ojos,
la ternura mecida
que anidaba en los brazos,
como brújula quieta
apuntando hacia el norte
de la maternidad.


Alma de segunda

Lo dijeron los sabios en las lenguas más cultas,
el Papa de dorado protocolo
con el verbo infalible que triunfó en los concilios,
los santos y doctores de la iglesia
con su pluma castísima,
los jueces que aplicaban las leyes más injustas
y los profetas que inspiraron los libros más antiguos.
Por lo que se conoce,
nunca bajó Dios Padre a decir lo contrario.


………Del libro Habitando la sombra, Huerga y Fierro editores, 2006

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Recibe este rostro mío, mudo, mendigo. Recibe este amor que te pido. Recibe lo que hay en mí que eres tú.
Alejandra Pizarnik

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Analía Pascaner