lunes, 11 de agosto de 2008

Francisco Garzón Céspedes

La imaginación / El narrador oral condenado a muerte

El narrador oral había sido condenado a muerte. La ejecución lo aguardaba. Faltaban veinticuatro horas cuando los jueces y asesores entraron en su celda. El narrador era un hombre venerado por el pueblo y era imposible no concederle una última voluntad. La condena obedecía a que sus cuentos sobre la justicia, en un territorio de injusticias, propiciaron una rebelión cada vez más inacallable. Habiendo sido capturado, cárcel, juicio y culpabilidad resultaron cuestión de horas. La rebelión, ah, la rebelión debía ser ahorcada, quemada, gaseada, electrocutada, empalada, decapitada, borrada. El narrador dijo: “Una única voluntad. Antes de morir, deseo ver, a cielo abierto, la noche. Y en la noche narrar un cuento”. Los jueces y asesores se miraron entre sí estupefactos. Pensaron que el narrador hubiera podido pedir hacer el amor una vez más o que su cadáver no fuera enterrado en una fosa común. Pero era su última voluntad. Podía ser respetada. Resultaba permisible. Llegó la noche y los soldados, en presencia de los jueces y asesores, condujeron al condenado a muerte hasta el patio de la prisión. El narrador contempló intensamente el cielo, alzó un brazo hacia aquel poblado vacío y con voz potente habló: “Había una vez un narrador oral condenado a muerte. A petición suya, para cumplir con la costumbre de una última voluntad, lo condujeron hasta el patio de la prisión. Y cuando alzó brazo y voz, y pronunció las palabras que únicamente son mágicas en los labios de los narradores, una estrella fugaz cayó, cayó, y a punto de tocar el suelo, cual una alfombra prodigiosa, se detuvo para que el narrador subiera y lo condujo fuera de los muros de la cárcel”. Y mientras el narrador contaba, y se alejaba libre sobre la punta de la estrella, todos comprobaron que “la imaginación es tan poderosa” que predice el futuro y, si es necesario, lo moldea.

........................................Tomado de Colección Gaviotas de azogue Nº 34, Madrid, España

.....De “Cuentos del Loco”

………Cordura

El loco no afiló la punta sino la goma del lápiz. Y, cuidadosamente, se dispuso a borrar el silencio.

………Lectura

El loco se puso el montón de libros sobre la cabeza. Cerró los ojos. Se concentró.

………Código

El loco pintó su raya. Y no la cruzó. A falta de razón, definía límites.

………Iniciación

El loco dibujó la jaula. Y abrió la puerta para que volara lejos su memoria.


Francisco Garzón Céspedes – Madrid, España
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El loco
El loco me alcanza un cigarrillo
hace silencio mientras escribo
nada le molesta en su mente enferma
ni siquiera cuando le digo que soy un egoísta.
Andrés Bohoslavsky, de “El pianista del Black Cat y otros poemas”


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2 comentarios:

  1. Muy bueno Francisco estos trabajos.
    Felicitaciones. Alguna vez, cuando uno pasa por los talleres, las consignas hacen trabajar esa forma breve como ejercicio pero, no es fácil; hay que manejarse con cuidado cuando el área está cercada, limitada. Vos obtuviste muy buenos resultados.

    Liliana Chavez

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  2. Coincido con vos, Liliana, Francisco nos regala excelentes microcuentos.
    Un abrazo
    Analía

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Analía Pascaner