jueves, 29 de julio de 2010

Roberto Romeo Di Vita

-Buenos Aires, Argentina-

El bar de Silvina


“No lo van a poder encontrar, por más que busquen por toda la ciudad”. Nos dijo Silvina aquella tarde a la salida del taller literario.
“Yo lo voy a encontrar, apuesto a que lo encuentro”. Dijo Camilo.
“Nunca lo vas a ver, fue sólo una aparición y ya se perdió” -afirmó tercamente Silvina.
-Lo voy a encontrar y me vas a pagar un café -terció con más terquedad Camilo.
El que lo encuentre primero avisa y después guardamos el secreto, exclamó alguien del grupo para atemperar los ánimos.
Que avise!!! Afirmó alguien del grupo.
Sí que avise!!!! Sentenció otro y se hizo una pausa…

Estoy soñando que encuentro ese bar perdido de Silvina. Lo hallé en el recodo fosforescente de la última estrella.
Y estoy jugando ver aquel puerto lejano que se perdió una noche en una hoja en blanco; ya lo puedo divisar desde este calidoscopio ambarino, al puerto y a la rubia que murió con el frasco azul vacío en su mesita de luz.
El alba la encontró desnuda y hermosa, cubierta por su perfume preferido.
Miguelito me para en la calle y me pide el último diario, del crimen más atroz, el del gol olímpico que logrará el delantero del cuadro, el domingo que vendrá.
María de los Ángeles sonríe triste antes de perderse en el tiempo. Intentará vivir, intentará amar. Necesitará más que partituras para acontecer y salvarse.
“Me estás gastando la tinta del diario” -Me dice el dueño de otro bar y entonces le sonrío, entonces le devuelvo el periódico y le pago el último café.
El último café suena en esa vitrola arcaica ya, casi desconocida.
Le apretó el brazo la pasajera de la ciudad, con un beso de despedida. Entonces el Asturiano lloró aparte, entre miles, vivando la Revolución.
Una estrellita errante ha dejado de latir.
El viajero la seguirá buscando.

Dicen que llamó a un teléfono prohibido sólo por escuchar su voz.
Entró a su casa, encendió el fuego de una hornalla, puso la cafetera, se sirvió café, era de madrugada, estaba sola, en otra pieza llora una beba, una canción de cuna intenta calmarla, una lágrima salobre se hunde en el café a medio tomar.
Vendrá un nuevo domingo, con sus tardes de peligros y ausencias....


Cuento tomado de Redes de papel, editada por Carlos Margiotta

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Ten cuidado con tus sueños: son la sirena de las almas. Ella canta. Nos llama. La seguimos y jamás retornamos.
Gustave Flaubert

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2 comentarios:

  1. por donde andará Silvina , la compañera de este cuento?

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    Respuestas
    1. En el baúl donde se guardan los personajes de ficción?
      Gracias por tu lectura.
      Un saludo cordial

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Analía Pascaner