lunes, 26 de abril de 2010

Dinko Pavlov Miranda

-Desde Magallanes, Chile-

Cuando la tarde languidece…

Una gélida brisa afila silencios,
persistiendo agudos rumores
que acosan y persiguen a mi sombra
anunciando deseos innombrables
para cuando ya noche;
romerías luminosas
de Semana Santa
con negros oficios y torturas
silban sobre mi espalda.
Recuerdos, parásitos del alma,
se apoderan de tiempo y espacio,
murmullos siniestros
anuncian soledad,
tus pasos ya vacíos
se pierden en la esquina
del siglo pasado
y ya no te busco,
ni siquiera me busco.

……………* * *

La ciudad insomne,
sus cuadrados ojos abiertos,
reposa con latidos sincopados
cabalgando callejones y esquinas,
oscuros ladridos la desbordan
más allá de sus límites.
Mis ojos suspendidos
hieren la noche,
mientras arden mis venas,
el sol en ellas,
taladro tus entrañas
dando luz a tu histérica ceguera.

…………… * * *

¿Fuiste tú Michael?

¿Fuiste tú el del patatuz al cuore,
el que concluyó con el producto,
con ese conjunto de células manipuladas?
¿Fuiste tú Michael, el mismo que cedió su nombre
a ese rostro cambiante, de la oscuridad a la luz,
en el país de Nunca-Jamás
deteniendo la infancia propia o ajena a ultranza?
¿Fuiste tú el de la cirugía plástica, mutante luminoso,
de chaqueta militar dorada y relucientes botones
encabezando bailarines a tu ritmo demoledor,
para luego, a la sombra de un cementerio,
descollar entre monstruos delirantes?
Rey del pop sin corona, deslizándose vertiginoso
hacia atrás “en paseo lunar”,
imposible para muchos mortales
pero no para inmortales como tú,
que muere para seguir viviendo, como Elvis o Sinatra.
Delgada y elástica figura
ocultando al niño inseguro y maltratado,
tocándose genitales como rito mágico,
capaz de destrozar un auto, hacha en mano
y luego volverse pantera para defender privacidades
de la voracidad comunicacional.
¿Qué había bajo las rojas flores,
qué contenía esa urna fastuosa y sus blancos miñaques?
¿Talvez la última mutación celular
que te multiplicara por cero para ocultarla de curiosos?
Burlaste al mundo cual moderno Mendel
realizando combinaciones estrambóticas,
digna despedida de un fantasma ya
ensombrecido por inyecciones, píldoras y somníferos
impuestos por seudos médicos
cuya última intervención fue un patético adiós.
Tus parientes expropiaron tus restos mortales
en burda pretensión hereditaria
que los tendrá ocupados, parte del siglo que comienza.
Mientras vuelves al bíblico polvo,
tu voz e imagen siguen invadiendo el éter,
voracidad ilimitada del mercado,
hasta que aparezca un símbolo que te reemplace.

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La vida es un hospital donde cada enfermo está poseído por el deseo de cambiar de cama.
Charles Baudelaire

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