sábado, 1 de septiembre de 2012

Maximiano Revilla

-Tabanera de Valdavia, Palencia, España-

Fin de trayecto

Suele suceder que a las multitudes
siempre les duelen los siglos pasados.

Yo que nunca entendí de profecías
de estrellas ni asteroides
cada mañana voy desde tu boca a la boca del metro:
de Avenida de América, hasta Francos Rodríguez,
serenamente ansioso al baile de las distancias,
vísperas de una nueva inquietud.

Bajo y cruzo Velázquez
por el disco que está en la esquina,
sigo las sombras de un general por conocer,
uno que se maquilla enfrente
en el solar hambriento
de la rutina en llamas,
solo para que nadie le vea.

Saludo al comunero Maldonado,
digo adiós a María de Molina,
piso y piso al Marqués de la Valdavia
setenta y cinco veces
antes de sentir al hombre
en este largo otoño y sus pupilas,
con su abono mensual en el bolsillo.

Hoy salgo de la aurora como salen las gotas
del abismo de los milagros: a borbotones.

Quiero que entiendas que no soy silencio
ni la forma carnal que tus labios rozaban.
Que ahora que voy hacia el fondo
no quiero dejar nada sucio dentro de mí.
Tal vez este olor a humanidad
que me vuelve sensible
tenga con todo mucho que ver.

Sé que para llegar a tiempo
no siempre es necesario
salir el primer día,
que para morir no hay tantos caminos,
ni tantas calles con viaducto
ni tantas escopetas,
ni tantas democracias.

¿Quieres que demos un paseo
por mi locura?
Abajo, en doble fila tengo la furgoneta.


Una verdad azul

Hay algunas verdades que siempre nos vigilan,
con su cámara nueva de video aficionado.

Verdades de la calle del oriente humeante,
de la nada que nunca terminan de pasar.
De los círculos de la noche recreándose al nacer.

Para un beso continuo, las dos clásicas piernas
que vuelven al revés nuestra memoria.


Poeta

Eres mucho más sabio cuando no dices nada,
cuando sin prisas te desvistes
del pensamiento azul de las horas al sol
en la cabina de moda de los rayos uva.

Eres mucho más sabio cuando no te reflejas
cuando vuelves y naces virgen alma del mundo
limpio como el silencio contundente,
como los cielos del niño de mi corazón,
como la lluvia de los ojos de mi conciencia.

Eres la envidia que no forma
parte del juego escrito
y tú lo sabes,
de la gente tan desesperada
fuera de ti.

Eres mucho más sabio cuando vas detrás de la luna
de cualquier automóvil como si no me vieses.
Cuando al volante matas de impaciencia
o aburrimiento los reflejos del mundo,
la ciencia del asombro en la olla exprés,
la rutina que nos destruye
cuando te saltas los colores de los semáforos.

Eres más firmamento que materia,
montones de basura en las esquinas del tiempo
Eres mucho más sabio que todas las palabras
antes de hacerte niño otra vez reciclable.


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Las locuras que más se lamentan en la vida de un hombre son las que no se cometieron cuando se tuvo la oportunidad.
Helen Rowland

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