sábado, 1 de septiembre de 2012

Carlos Penelas

-Buenos Aires, Argentina-


…………………………………………Duélete de mi señora.
…………………………………………Señora, duélete de mi,
…………………………………………de mi duélete.

……………………………………………Anónimo siglo XVI

I

Como un dolor la sirena del puerto.
Y el tumulto en el río de los desaparecidos
en reflejo ascendente.
(Amigos, ella viene de mayo, de proclamas.)
Y el temblor del alma bilingüe
con su andar fugitivo, solitario.
Después, manifestaciones y fatiga.
Una mutación oye el saludo,
noches que acarician ausencia,
voces lastimadas, ahogándose.
Y la pobreza penetrando arrabales
en un destierro de tristeza y desencanto.

Desnuda, la amada
separa las ardeduras de mis labios.


II

Padre, ahora que necesito de tu voz
has partido. Sólo desconcierto indolente.
La amada me pide que te busque.
Me dice que la ausencia desvela al corazón perdido.
Dejaste la bruma,
la soledad que cuida su secreto,
el verso de amor y de experiencia.
Un consuelo que transita dormido
y ciñe el gozo en el orden de los días.
¿Qué hago, padre, ahora
que tienes la cabeza reclinada,
oculta en una barca fenicia,
inmemorial,
entre tanta hipocresía y palabras inútiles?


III

Como aquel que atento a la lucidez
buscó su soledad,
la percepción del límite,
la noche traza su frontera.
Inacabable penetra el recuerdo,
amanece y distrae mi aliento.
Así se encuentra el extravío.
La quilla sobre la amargura
de la usurpación.
Entonces alcanzo a comprender
que no nos salva el amor ni la esperanza.


IV

¿Quién mueve en nosotros
mitos altivos, espléndidos,
o estos muslos que surcan oleajes
y dioses precarios? ¿Quién se desliza
en la lubricidad del mar?
¿Cuál es el nombre de la rosa inagotable?
¿De dónde esta pasión
que es ansiedad y aladares sueltos
sobre la incertidumbre del asombro?
Y estas orillas ¿de qué anverso nacen?

En la somnolencia del tacto
arden tempestad y secreto.


V

Sólo tu rostro
entre la luz y el desorden
del viento.
En la respiración intensa de la vida.
Sólo tu rostro espléndido
junto al ensueño de la tarde
sustentando arenas y elegías.
En el instante
del remordimiento o la certeza.
Tu rostro junto al aire y la mirada.
En la vigilia que desnuda pudor.
Huyente, desvalido.


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Una cosa fundamental en la vida es saber lo que se quiere. Primero buscarlo como el que se asfixia busca el aire y finalmente pagar el precio.
Fernando González Ochoa

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2 comentarios:

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Analía Pascaner