sábado, 1 de septiembre de 2012

Alberto Fernández

-San Antonio de Padua, Buenos Aires, Argentina-

La misma vara

De jóvenes se amaron. Ella consintió esa relación a pesar de saber muchas cosas de él, de su pasado; por ejemplo que en su familia se repetían conductas. Su sometimiento lo traía entre sus genes. Él despreció muchas veces su calendario femenino. Amo no siempre se conjuga como amar. Era dueño de las decisiones; si fuera cambiar una flor rosa por una amarilla lo imponía con sus gritos y sus gestos impulsivos. No sólo en actos sino también en pensamientos. Todo se agravó con los años; más todavía cuando el alcohol le recrudecía su villanía.
Colgó en la pared una vara y con sólo blandirla infundía en ella el miedo al castigo; su carácter de dominada lo aceptaba con llanto y dolor. Cuando llegaba la tortura dejaba improntas en su piel blanca y aún joven. Entonces obedecía primero y luego se refugiaba en su cuarto. Dormía un largo sueño reiterado. El cuchillo entraba por el vientre una y otra vez hasta que sus ojos se cerraran para siempre. Ningún agente de policía golpeando su puerta, ni muñecas esposadas. Ausencia de gritos de auxilio; sin periodistas, tampoco jueces y cadenas perpetuas. Cuando despertaba, sentada en la cama, esperaba la presencia de un nuevo sueño.
Un día, en medio de esa visión, oyó un grito verdadero. Era él que, convulsionado, pedía la presencia de un médico.
Recetas, medicinas, dietas y un sillón de ruedas. Para siempre inmovilidad de brazos, piernas y una boca que casi no modulaba palabras.
Con sonidos irreconocibles pedía comidas, limpieza de sus inmundicias. Ella, la sometida, lo hacía, pero por cada atención blandía la vara que colgaba en la pared y le aplicaba un idéntico recuerdo de los que todavía figuraban en su piel. Se purificaron sus sueños para siempre.


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Siempre se repite la misma historia: cada individuo no piensa más que en sí mismo.
Sófocles

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2 comentarios:

  1. Texto cruel donde el victimario será la victima!.Excelente relato

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    1. Gracias por tu lectura, querida Nucha.
      Un saludito cordial, que estés muy bien
      Analía

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Analía Pascaner