domingo, 12 de diciembre de 2010

Salomé Moltó

-Alcoy, Alicante, España-

Que la paz nos inspire

Cada día nuestra mirada queda atónita ante los atentados sangrientos que se producen en cualquier parte del mundo. Los hombres cada vez más, ajustan sus armas mortíferas para matar más y mejor. Estas sin razones, porque tal nos parecen, proliferan y no parecen tener fin. La codicia que motiva una depredación constante está en el fondo de toda actitud bélica. La humanidad se halla en una perpetua guerra, que se presenta como una práctica constante en la conducta humana, y es algo que sufrimos desde siempre. Y sin embargo, no nos acostumbramos y no nos acostumbraremos nunca, porque pensamos que la evolución humana no tiene porqué ser cruenta, es más, la violencia la degrada y le impide un progreso armonioso y profundo que sería loable.
Son muchos los pensadores que han abordado el tema de la violencia, y han apuntado a la deficiente naturaleza del ser humano. Nos han repetido hasta la saciedad, que el hombre es violento y la agresividad y la depredación anidan en su corazón y que debe tanto su progreso a los aspectos negativos de su naturaleza como a los positivos. ¡Chocante! es verdad, pero argumentos no faltan. Hobbes el filósofo inglés, sostuvo, con su Leviatán, la tesis de la necesidad que el hombre tiene de estar constreñido a una autoridad de leyes que repriman sus malos instintos. El control, por un soberano y el miedo moderarían su malvada naturaleza. Para este autor el hombre era lobo del hombre, expresión bien conocida.
Desde las montañas y los lagos suizos, la voz de Jean Jacques Rousseau, nos presentaba otro tipo de ser humano. Para Rousseau el hombre nacía bueno y la sociedad lo corrompía. ¿A cuál de los dos pensadores daríamos nuestra aprobación? Quizás los dos tengan razón, o quizás, los dos pensamientos no sean más que una parte de la incipiente y compleja naturaleza humana.
Algo después, Darwin, con sus profundos estudios sobre la naturaleza y la biología humanas dejó sentado la máxima de la selección de las especies, en donde el enfrentamiento y la guerra entre los seres humanos es algo consustancial en el devenir humano y que para perpetuar la especie ha de prevalecer el más fuerte, el ganador. Si interpretamos que sus profundos estudios fueron sintetizados para perpetuar la agresión, me temo que hemos hecho un flaco favor a un sabio que aportó muchísimo más que la simpleza de querer justificar la agresión por una falsa perpetuidad de la especie, ya que eliminado el débil, el fuerte deja de serlo y se convierte asimismo en el nuevo débil.
Pero otro pensamiento más justo, más evolutivo, ha tomado cuerpo en el acervo cultural de la humanidad, el que se comprende como Apoyo Mutuo y que no es de hoy, ni siquiera de ayer, es componente consustancial del ser humano; anida en su naturaleza al igual que la violencia; se trata de la vía más óptima para conseguir un camino de paz por donde pueda transitar el progreso.
En un frondoso bosque un naturalista observó que un árbol lucia espléndido; se sorprendió pues todo alrededor estaba invadido por la maleza, los hongos y los líquenes. Cuando estudió con más detenimiento el árbol, comprobó que un ejército de hormigas se pasaban todo el día con febril actividad limpiado todo el árbol, por la noche el rocío dejaba caer, a través de las hojas, unas gotas de agua azucarada que alimentaban el hormiguero, así el mundo animal y el vegetal, en armonioso sincretismo, lograban beneficios mutuos.
Y si a tal deducción llegamos observando la naturaleza, no podemos más que constatar con dolor, que el hombre evoluciona poco y mal, viendo tanto egoísmo, violencia y miseria humana.
Pero siempre habrán escritores, artistas, poetas y un sinfín de gente de corazón y de amor que levantarán su voz por encima de tanta sangre y destrucción, ante tanta hambre y desolación, para declararse en contra de tanto atropello y gritarán muy fuerte y muy profundo de que no es matando como el hombre andará su camino de progreso. Y es a este colectivo humano que quiero unir mis esfuerzos y entera voluntad, para que, al igual que el viejo le decía a su nieto “LO ÚNICO QUE TE DESEO ES QUE NINGUNA INJUSTICIA TE SEA INDIFERENTE”, yo pueda unir mi modesta aportación para que, ¿quién sabe?, el mundo no se rompa más.


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La sabiduría suprema es tener sueños bastante grandes para no perderlos de vista mientras se persiguen.
William Faulkner

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2 comentarios:

  1. Una minuciosa selección poática, una colección de poetas nteligentes, más hermosas fotos cada vez, y tu sonrisa pícara que tanto hace pensar: qué más pedir?

    Otro número, por favor

    Felicidades entretanto. Y mis felicitaciones ardientes,
    Marta Zabaleta desde un Londres helado,con amor.

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  2. ay mi querida Marta, muchas gracias por tantos elogios y tanta estima, gracias!!
    Agradezco y retribuyo con amor tus buenos deseos, que tengas un año pleno de recompensas y bendiciones.
    Con profundo cariño
    Analía

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Analía Pascaner