lunes, 26 de abril de 2010

Agustín Elías Jijena Sánchez

-Buenos Aires, Argentina-

Confesión de un amor que no es pecado


Con vos sé
qué es matear tangos en compañía
y unir el sueño ya rendidos
en la misma cama tiempo después
de haber disfrutado, del goce tuyo
con la voz de mi irrefrenable gemido.

Con vos sé
que sin vos se enmudece mi alegría
al suspirar tu nombre
cuando feliz te hacía.


Tus visitas

Todas las noches el canto de la luna
llega a mis oídos como reminiscencias de tu voz.
Lo haces para que no te sienta ausente y altiva
y para provocar los suspiros que te escribe mi admiración.

Es en las noches cuando más iluminado estoy
porque el reflejo de tu rostro en todas las caras de la luna
me alumbran como varios ojos tuyos, y esto es un exceso
porque con un dulce guiño de tus encantos me llenaría de luz.

Cuando sale el sol sigo buscándote porque sé que estás
maquillándote de belleza para la noche,
cuando volverás a seducirme con ternura y poesía,
cuando volverás a ocuparte de mí.

Cualquiera de tus manifestaciones me complacen,
pero mujer de luna, yo te quiero llena y llena de mí.


Lágrimas de ojos

Tengo lágrimas llenas de ojos
que ya no podré volver a ver
y de esos ojos que nunca me verán,
miradas pintadas de tristeza y dolor.

Tengo lágrimas llenas de ojos,
llenas de llanto
y de ojos con la angustia por mirar
el desconsuelo de la verdad.

Tengo lágrimas llenas de ojos,
y ojos ya vacíos de lágrimas…
que ya no quieren ver…

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Cuando iba de aquí para allá, sin llegar a ningún sitio, estaba cansado de ti, camino; pero ahora que me llevas a todas partes me siento tu enamorado.
Rabindranath Tagore


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