lunes, 16 de noviembre de 2009

David Slodky

-Salta, Argentina-

Sueño…


Sueño que me persiguen. Escapo por oscuros pasadizos, mientras ellos me van cercando. Ya desfalleciente, sueño que la jauría humana es sólo un sueño: yo estoy durmiendo en el cuarto de mi infancia, al lado de mi madre. Nada puede pasarme. Los furiosos golpes en la puerta me despiertan; pero no sé si es en la realidad o en el sueño. Por suerte, puedo escapar por los techos. ¿O sueño que me escapo? Angustiado, escribo esto. ¿O sueño que estoy escribiendo? Por favor, Ud. que lee estas líneas, ¡dígame que es real lo que escribo, que no es un sueño! Pero… ¿cómo sé yo -cómo sabe usted- que no es un sueño en el que sueño que me está leyendo?


Suya

Cuando la vio, supo que era ella. Sigilosamente, amorosamente, día tras día, fue creando la trama. Una a una esquivó sus descortesías, venció sus resistencias. Cuando ya se hizo imprescindible, cuando por fin le dijo que sí, que ella también lo amaba, nunca más volvió a verla. La guardaría suya, pura, perfecta, para siempre en su memoria, inmune al deterioro del tiempo y a la banalidad de lo cotidiano.


Su vida

Sabía que lo estaban buscando. Y que lo matarían. Y él amaba la vida. Su vida. No quería morir. Se escondió en los lugares más inverosímiles, donde nadie supusiera. Cambió el color de su pelo, dejó crecer la barba en su rostro, unos lentes de contacto verdearon sus oscuros ojos. Dejó su oficio, alternó actividades, olvidó amistades, familia. Cuando ya ni él mismo se reconoció, supo que ya nunca lo encontrarían. Entonces, se arrojó del 9º piso.


No quise

Estremecido, todo salpicado, me refriego con detergente, con kerosén, con piedra pómez. No me sale. Me pongo bajo la ducha, una hora, dos. ¡Cómo se los explico a los chicos! ¡Cuántas veces se lo advertí, le pedí, le rogué que no lo hiciera! Y terca, obstinada, necia, como buena gallega, otra vez me provocó.


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Más veces descubrimos nuestra sabiduría con nuestros disparates que con nuestra ilustración.
Oscar Wilde

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2 comentarios:

  1. Muy buenos tus micro-relatos, David. Es un juego de inteligencia e inspiración.
    Un abrazo
    Bertha

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  2. Querida Bertha:
    Muchas gracias por tus comentarios.
    Un saludito cordial
    Analía

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Analía Pascaner