miércoles, 9 de abril de 2008

Diego González

Los besos de Mariela

Mariela tiene una boca voladora, camina por el barrio, y su boca vuela y besa los labios de los chicos que la ven pasar. Ella se avergüenza porque no puede evitarlo. Le pregunta a su gato qué extraño ángel le habrá dado alas rojas a su boca, para que vuele y bese siempre. Pero el gato no responde, sólo mueve los bigotes y se deja acariciar.
Mariela mira el piso, quizás para no enfrentar los ojos de los chicos, que al mirarla, reciben su beso mojado. Nunca tuvo un novio porque teme quedarse sin besos para dar, y mientras se hunde en su pena, su boca vuelve a escaparse. Besa a un chico que pasa en bicicleta, después al que vende naranjas en la esquina, a su compañero del cuarto banco, y al que se desliza por la calle con su tabla de skate.
Mariela llora y mira la vereda, su boca es una mariposa que vuela en la tarde.
Yo la persigo con mis redes, pero se escapa y se va… ¡Y me gustaría tanto besarla!
Pero Mariela nunca me mira. No sabe que soy su ángel creador y que tengo un plan: hasta que su boca no se pose en la mía, no pienso quitarle las alas.

Diego González – Castelar, provincia de Buenos Aires

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Cuando era más joven podía recordar todo, hubiera sucedido o no.
Mark Twain

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2 comentarios:

  1. Bellísimo!!! Lo guardo en las arcas de mi material para narrar. Con su permiso.
    Alicia Perrig

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  2. Excelente, me pareció magnífico.
    Un abrazo Gus.

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Analía Pascaner