miércoles, 6 de febrero de 2008

Víctor Valledor


Te advertí que las manzanas existían como besos rojos en el mar.
Que las naranjas son estrellas devenidas en lágrimas de violoncelos.
Que las frutillas no deben ser comidas pues son sangre de lagartos atrapados en el tifón.

Te advertí que te amaría.
Que no habría disculpas para la naturaleza.

Te advertí que las olas son lomos que están enfadados con el río.
Que los higos tienen forma de lágrima pues lloran su néctar en los atardeceres.
Que los martillos son errabundos señores de gris.

Te advertí que te amaría.
Que no podría soportar tanto silencio.

Entre tanta advertencia surgieron los amaneceres.
Un atardecer… dos atardeceres… un sueño… un saludo y esa inolvidable rigidez de la avenida principal.

Te advertí que las uvas tienen poderes afrodisíacos cuando están en batalla.
Que en tanto y cuanto continúe nuestro amor
se deberá advertir que más allá de los cercos existen jardines que conservan el mismo hálito salvaje de las piernas del durazno que sonroja su piel al sentirse observado.

Te advertí que te amaría.

..............................................Poema de la serie Nuevas fisuras planetarias

Víctor Valledor - Misiones

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Quien no comprende una mirada tampoco comprenderá una larga explicación.
Proverbio árabe


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