Aconteció que uno de esos seres, amaneció con sus ansias de caminos y horizontes y aventuró sus pasos y mirada más allá de la cueva y transpuso los límites oscuros.
Es más, dicen que después de varios intentos, se perdió más allá de ese horizonte conocido y siguió su andar, extrañando su figura para los otros.
Volvió con el calor frutal de la tierra preñada por el Sol y los días más largos y luminosos del verano.
Luego sus hermanos pudieron notar señales de asombro en sus labios callados.
Es así, que cuando los otros partían de la cueva, aprovechando la difusa luz del invierno, él se quedaba solo en la caverna y con trazos infatigables sobre las paredes, a piedra, punta, color y forma, dibujó lo que había descubierto más allá de la llanura.
He aquí, que cuando sus hermanos regresaban, luego de una fatigosa recolección de frutos o leña o de perseguir el alimento escaso, miraban con asombro ese otro mundo grabado en las paredes de esas oscuras cavernas.
Mantenían encendidas por más tiempo sus teas y les enseñaban a sus hijos, a venerar al artista.
Roberto Romeo Di Vita
Buenos Aires, Argentina
GRACIAS POR SU PUBLICACION , ROBERTO
ResponderEliminarCon todo gusto, Roberto, gracias a ti. Aquí tienes un espacio para tus letras.
EliminarMi abrazo y mis mejores deseos