Homenaje a Federico García Lorca
Sueña que sueña la niña
en la siesta de verano,
diadema de mariposas
en sus cabellos ticianos,
en sus manos margaritas
y una sonrisa en los labios.
Sueña que sueña la niña,
la hamaca vuela muy alto,
en un cielo golondrinas
dibuja cuentos y cantos;
cabalgan por el espacio
consejos nunca escuchados
y se enredan con la brisa
como si fuera un milagro.
Es tiempo de fantasías
ella desecha el pasado,
al presente no lo cuenta
mira horizontes lejanos,
y sigue escalando alturas
frente a un futuro impensado
¡piensa ganarle a la vida
y alejarse de su campo!
Los duendes bajan del pino
y la toman de la mano,
un tren se pierde a lo lejos
en vuelos desorbitados
y sin mediar previo aviso
se diluye en el espacio.
Despierta mujer despierta,
¿dónde ha quedado el pasado?
¿en qué templo de la noche
los hechizos se alejaron?
En qué despertar de soles
el otoño la ha rozado
dejando en sus claros ojos
dos lagrimones amargos.
El destino siempre cobra,
canjea triunfos por fracasos,
la miel puede ser amarga
cuando la roza el chubasco
y conspira intempestivo
ante el que lo ha desafiado.
Cómo quisiera volver
cabalgando cisnes blancos,
por las riberas de flores
de senderos olvidados,
pero las huellas se pierden
en la inmensidad del campo,
que desechó sus despojos
cuando se vio despreciado.
Debe emprender su regreso
bajo grietas de alabastro,
y en el oro del poniente
se encontrará con su campo.
Él habrá cambiado un poco
pero sabe de fracasos
y recibirá a la niña
para acunarla en sus brazos.
* * *
Yo no te conocía,
sabía de tu existencia
por furtivas palabras
ventanas entreabiertas
misteriosos silencios,
y lánguidas miradas.
Tampoco te añoraba,
mi vida era un bullicio,
la risa, la alegría,
los sueños de futuro,
amigos, poesía.
Tampoco comprendía
una vida distinta…
La nena consentida,
la joven triunfadora
rodeada de todo
por aquéllos que te amaban
y pintaban espejismos…
¡donde a veces no hay nada!
La mujer que a la vida
le pintó una sonrisa
y peleó por sus sueños,
y ganó sus batallas.
Pero un día cualquiera,
te pusiste delante,
me miraste a los ojos
y sentí cómo un nudo
cerraba mi garganta.
-Acá estoy -me dijiste
y tendiste tu mano.
-Soledad es mi nombre
no trates de esquivarme,
porque aunque no me creas…
¡Llegué para quedarme!
Poemas de los libros de la autora: Crepúsculo y Azul de Adiós
Lydia Pistagnesi
Banfield, Buenos Aires, Argentina
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