jueves, 10 de septiembre de 2026

Lydia Pistagnesi

Romance de la niña mujer 
Homenaje a Federico García Lorca 

Sueña que sueña la niña 
en la siesta de verano, 
diadema de mariposas 
en sus cabellos ticianos, 
en sus manos margaritas 
y una sonrisa en los labios. 
Sueña que sueña la niña, 
la hamaca vuela muy alto, 
en un cielo golondrinas 
dibuja cuentos y cantos; 
cabalgan por el espacio 
consejos nunca escuchados 
y se enredan con la brisa 
como si fuera un milagro. 

Es tiempo de fantasías 
ella desecha el pasado, 
al presente no lo cuenta 
mira horizontes lejanos, 
y sigue escalando alturas 
frente a un futuro impensado 
¡piensa ganarle a la vida 
y alejarse de su campo! 
Los duendes bajan del pino 
y la toman de la mano, 
un tren se pierde a lo lejos 
en vuelos desorbitados 
y sin mediar previo aviso 
se diluye en el espacio. 

Despierta mujer despierta, 
¿dónde ha quedado el pasado? 
¿en qué templo de la noche 
los hechizos se alejaron? 
En qué despertar de soles 
el otoño la ha rozado 
dejando en sus claros ojos 
dos lagrimones amargos. 
El destino siempre cobra, 
canjea triunfos por fracasos, 
la miel puede ser amarga 
cuando la roza el chubasco 
y conspira intempestivo 
ante el que lo ha desafiado. 

Cómo quisiera volver 
cabalgando cisnes blancos, 
por las riberas de flores 
de senderos olvidados, 
pero las huellas se pierden 
en la inmensidad del campo, 
que desechó sus despojos 
cuando se vio despreciado. 
Debe emprender su regreso 
bajo grietas de alabastro, 
y en el oro del poniente 
se encontrará con su campo. 
Él habrá cambiado un poco 
pero sabe de fracasos 
y recibirá a la niña 
para acunarla en sus brazos. 


                    *   *   * 

Yo no te conocía, 
sabía de tu existencia 
por furtivas palabras 
ventanas entreabiertas 
misteriosos silencios, 
y lánguidas miradas. 
Tampoco te añoraba, 
mi vida era un bullicio, 
la risa, la alegría, 
los sueños de futuro, 
amigos, poesía. 
Tampoco comprendía
una vida distinta… 
La nena consentida, 
la joven triunfadora 
rodeada de todo 
por aquéllos que te amaban 
y pintaban espejismos… 
¡donde a veces no hay nada! 
La mujer que a la vida 
le pintó una sonrisa 
y peleó por sus sueños, 
y ganó sus batallas. 
Pero un día cualquiera, 
te pusiste delante, 
me miraste a los ojos 
y sentí cómo un nudo 
cerraba mi garganta.
-Acá estoy -me dijiste 
y tendiste tu mano. 
-Soledad es mi nombre 
no trates de esquivarme, 
porque aunque no me creas… 
¡Llegué para quedarme! 


Poemas de los libros de la autora: Crepúsculo y Azul de Adiós 

Lydia Pistagnesi 
Banfield, Buenos Aires, Argentina 

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