lunes, 16 de marzo de 2026

Martha Valiente


Del otro lado
Del río que conozco
Alguien me hace señas
Es un niño
Un viejo tal vez
Algo, un ser que no distingo
Tiene mi propio rostro
El de hoy sumado a los antiguos
Resplandece
Me llama con todas mis voces
Es música tierna
Cuando me nombra: Martha
Voy a cruzar
El cielo está azul
No tengo miedo
                           Pero
Cómo late mi corazón
Cómo late. 

Viajera 

Ofrezco mi abrazo
Mi llanto
Mi silencio
Mi emoción florecida
En un idioma nuevo
Me ofrendo
En soledad
Tejiendo en el telar común
En la incertidumbre
De este viaje a ciegas
Y sin puertos
Solo el océano abierto
Y allá adelante
La promesa del sol

Ejercicio

Primero respirar
Clausurar los cuartos del pasado
Salir a la vereda
Respirar
Agitar la renuncia con un pañuelo blanco
Reír
Sobre todo eso
Mientras el presente incendia
Uno por uno
Todos los espejos
Después
                Respirar

Inexplicable

Hoy no encuentro refugio
Voy sin techo
Con pies helados que tropiezan
Siempre con las mismas piedras
Afiladas
Ancianas y callosas
Amargura es lo que llueve hoy
Y el sol, con su abrazo impotente
Me deja atrás
Aburrido de tenerme lástima

     *  *  *

Quién soy
Qué caricatura de mí
Qué alma asoma
Por los intersticios de quien fui
Y qué lenguaje usa
Para explicar por qué
Cómo
Todavía alguien remoto
Pronuncia lo que fue mi nombre. 
  
Martha Valiente
Nació en Uruguay. Reside en Buenos Aires, Argentina

****************************************************
El amor es nuestro único refugio. Quien no lo ve así, terminará refugiándose en cosas sin sustancia.
Luis Alberto Spinetta

****************************************************

2 comentarios:

  1. Que hermosas palabras en todas tus creaciones .Mirta Soler

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Agradezco tu lectura, Mirta.
      Mi abrazo y mis mejores deseos

      Eliminar

Muchas gracias por pasar por aquí.
Deseo hayas disfrutado de los textos y autores que he seleccionado para esta revista literaria digital.
Recibe mis cordiales saludos y mis mejores deseos.
Analía Pascaner