lunes, 19 de febrero de 2018

Ricardo Ponce Castillo


La playa

Sabes una cosa,
cada vez que vuelvo a ti,
me recibes y me acaricias
con esa brisa que
espanta penas y cansancios,
que me hace olvidar
problemas, enfermedades,
todo,
por eso disfruto de ti,
y trato de recordar
a una persona muy parecida a ti,
que me acaricia y me sonríe igual,
¿pero no sé quién es?

Tú te enojas conmigo y con todos,
por ensuciarte, por no cuidarte,
nos castigas con las olas
y las marejadas estruendosas
que a veces nos hace temblar,
y a veces nos haces reír;
gracias a nuestra porfía
nos has castigado
con tsunamis y tormentas,
y yo sigo imaginando
¿a quién me recuerdas?

Al final,
sigues siendo por siempre
esa esposa, hija, madre, hermana
y amigas que me aman
como la vida me ha enseñado a amar.

Quisiera seguirte alabando,
agradeciendo tu amor y tu amistad,
a pesar de tus enojos justificables
te daré gracias por siempre,
porque a pesar de todo
nos quieres.

Adiós playa querida,
Ah, ya se a quién me recuerdas,
por eso me voy,
en casa me está esperando
         MAMÁ.


Cuando dijo sí

Sus anhelos navegan
junto al paso del tiempo
que se escabulle malicioso
por el sendero de la larga espera de su llegada.
El Sí que había recibido
tronaba en su mente
y mil sueños iniciaron
su paso por la vida.
Ya no era la incertidumbre
de saber si lo aceptaba o no,
el gran amor que por ella fluía desde el fondo de su alma
era su estandarte.

Y el tiempo pasaba
silencioso, lento,
su impaciencia comenzaba
a tramar pensamientos
que no eran suyos,
pero afloraban pese
a su control con el arma
del amor.

Su impaciencia llegó a su fin
cuando ella lo llamó
desde la entrada de la plaza.


Como las olas

Dime amada mía,
acaso debo buscar
en el vaivén de las olas
ese sentimiento
que me consume,
o en las ondulaciones
provocadas por el viento
causando risas furtivas,
buscando desalojar
la pasión que corroe mi alma
para decirte
cuánto te amo.

Como las olas
derramaré mi torrente
de caricias
para demostrarte mi amor,
para expresarte
mis sentimientos
que no dejan de danzar
al ritmo de este frenesí
que me agobia.

Ay, amada mía,
confío en que las olas
danzarán igual que yo
hasta alcanzar tu amor.


Ricardo Ponce Castillo
Coquimbo, Chile

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