lunes, 19 de febrero de 2018

Eduardo Ureta Ahumada


Los Benitos

Aún no amanecía del todo, cuando los Benitos ya estaban en la caleta de pescadores esperando la llegada de los botes con su carga de salmones, delicias para muchos en diferentes países, mientras que en el nuestro su consumo es poquísimo, comentaba don Chuma pescador que ya no salía a la mar; pero en cambio organizaba la llegada de los botes y se encargaba de la entrega del pescado a los diferentes camiones que venían a cargar esta preciada carga.

Mientras iban llegando los botes a la orilla de la playa, un equipo de personas, enganchaban la lancha a unas cuerdas que eran tiradas por dos caballos, los cuales arrastraban por la arena unos cuantos metros hacia una zona protegida de los oleajes. Allí el equipo de tierra descarga los pescados en mallas, las cuales eran pesadas, mientras otro grupo las iban encajando una a una hasta copar la capacidad de la caja y apercharlas en un pallet para que la grúa horquilla lo suba a los camiones para estibarlos adecuadamente con su propia gente que espera este verdadero manjar.
Entre los transportistas estaban los Benitos, que debían cargar su camión con mil cajas de salmones que recién comenzaban a preparar, debían armarse de paciencia, mientras los pescadores bajaban su preciada carga de sus lanchas.
Mientras tanto, Los Benitos y los otros transportistas le daban trabajo a doña Celinda, quien tenía un kiosco donde vendía el cafecito y los sabrosos sanguchitos de pernil con salsa verde, palta, tomate, salsa de merken y cebolla a la pluma, que dejaban contento al más regodeón.
Doña Celinda tenía unas mesitas y sus respectivas sillas para que sus clientes se pudieran sentar y servirse el pernil, mirando el mar en medio de un intenso ventarrón muy frecuente en esta parte de la isla de Chiloé, que se resiste a permitir que el nuevo día se posesionara definitivamente; pero sin importarles ninguno de estos pensamientos, los Benitos disfrutaban mirando las piruetas que las Toninas hacían entre las olas, como saludando a los pescadores y transportistas que allí se habían juntado, dándoles la bienvenida con sus saltos y deslizamientos sobre la ola a metros de ellos, como tratando de llamar la atención de todos los que en esos momentos trabajaban deseosos de terminar de desembarcar los salmones y que los camiones los llevaran a su destino.
Una y otra vez la malla bajaba cientos de pescados para que los encajaran y cargaran en el camión, hasta que finalmente la carga quedó terminada.
Los Benitos estaban listos para partir, de inmediato activaron el sistema de refrigeración del camión. Fue en ese instante que Ramón Benito despidiéndose de todos, dio inicio a su viaje que lo llevaría directamente a la planta de procesamiento en Purranque, donde don Kiko esperaba los salmones con desesperación.
En la Pesquera Fiordos, don Kiko recibía la visita de unos empresarios chinos interesados por conocer los procesos que desarrollaba la Planta. Don Kiko con su mejor sonrisa, invitó a los dos representantes chinos a recorrer la Planta, mientras don Kiko les relataba detalles de la Planta, que simplemente era una de las más modernas de país y con una capacidad potencial de 114 toneladas anuales de Salmón y Trucha. Esta planta emplea en la actualidad a más de 550 personas y cuenta con tres líneas de procesamiento, cada una de ellas para elaborar salmón eviscerado y sin cabeza y valor agregado para filetes y porciones. La planta procesa el 100% de la producción de la compañía y su mercado está orientado principalmente a Japón, Europa y Estados Unidos. Cuenta con certificaciones internacionales para la exportación de sus productos.
Los representantes chinos observaban complacidos de ver la alta calidad de procesamiento en la Planta, que a simple vista, satisface plenamente nuestras expectativas, comentaba uno de ellos. El proyecto fue íntegramente llevado a cabo por Fiordos desde sus fases de diseño hasta su puesta en servicio. Para este proyecto CEUS asumió el desafío de desarrollar las Ingenierías Conceptual, Básica y de Detalles de las especialidades civil estructural, procesos, mecánica, eléctrica, clima, refrigeración, automatización y sanitaria, entre otras. Además, estuvo a cargo de la gestión de proyecto y gestión de la producción, adquisición del equipamiento, administración de contratos, la supervisión y control de obras y puesta en marcha de las instalaciones.
El equipo de profesionales permitió a Los Fiordos contar, en un corto plazo, con una planta de procesamiento de salmones de clase mundial, adaptable a todos los requerimientos comerciales y crecimientos futuros de la compañía. Nuestra moderna Planta, ha permitido a Los Fiordos operar bajo los más altos estándares de inocuidad alimentaria y afrontar de excelente forma todos los desafíos de mercado del salmón.
- Fantástico, fantástico… Repetía una y otra vez el chino a su colega que lo acompañaba, ya que por fin habían encontrado lo que andaban buscando por el mundo entero. Don Kiko escuchaba feliz, las expresiones del chino y eso era una buena señal, una muy buena señal.
Los chinos continuaron recorriendo hasta el último rincón, dando pie a pensar en el tipo de negocio que podrían hacer con los chilenos, sin dejar de lado los últimos estudios de la FAO, como es la incorporación de pescado en la alimentación de las personas, demostrando un mejoramiento de la calidad de vida, desatando un aumento en la demanda.
- Por otro lado, continúa don Kiko, la experiencia en salmones en nuestro país por su reciente pasado acuícola, tanto en cultivo como alimentación, alcanzando altos niveles en los mercados mundiales en cuanto a calidad, variedad y rendimiento, que lo hacen poseedor de un magnífico producto de excepción con respecto a la producción de alimentos acuícolas.
Don Kiko se sentía radiante de orgullo por ser el administrador de esta fantástica planta y estaba seguro, completamente seguro que aquí habría un muy buen negocio con los chinos.
- Bueno caballeros, lo que menos puedo hacer, es invitarlos a almorzar al Club de Purranque, para que cuando regresen a vuestro país, siempre recuerden al nuestro, como un país acogedor y que con nosotros ustedes pueden hacer muy buenos negocios… Los chinos aceptan con una sonrisa y subiendo al automóvil de don Kiko, se trasladan al Club Purranque, donde los esperaba un almuerzo típicamente criollo.
En esos precisos momentos, llega el camión de los Benitos a la Planta con los mil kilos de salmones que los trabajadores procesarán, embalarán y exportarán a los mejores mercados del mundo, colocando a nuestro país, en muy buen pie.


Del libro del autor: Cuentos al viento. Chile, 2009

Eduardo Ureta Ahumada
Balneario de Algarrobo, Limache, Chile

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