domingo, 20 de noviembre de 2016

Eduardo Dalter


Paisaje de baldío

Estamos en este raro punto de equilibrio,
como una mata silvestre en un baldío,
bajo el sol, bajo el viento y las lluvias,

y cuando se anuncia un año de langostas;
un año, quién sabe, de meses entrecortados
y de semanas que hacía tiempo no venían.

Pasaron los días, el resabio de los días,
las revoloteadoras polillas y el hedor que
se deslizó lento por debajo de la puerta.

Sufrimos como un remate de algo, una
invasión, un revés del aire, un frío y triste
aturdimiento, que ya dibujan un paisaje

íntimo, un terraplén, un charco, un
cruce, y una melodía que trae nuestras
notas y que quiere decir algo, algo…


Llegan los ceos

Así como un extranjero necio que se
      va apropiando
de todo lo que alcanza a ver o a
      imaginar,
con esas miradas, entre omnímodas
      y lascivas,
y oliendo fuertemente a aire cerrado
      y a colonia,
en la mañana entraban a los edificios
      y miraban
los altos techos, los portales abiertos,
      las alfombras…


Welcome

Los funcionarios nacionales
      van a la Embajada
a confesarse, a derramar
      cuitas grossas
de familia, furtivamente,
      haya sol,
haya granizo, plomo, gas
      o nubes
bajas. Van a la Embajada,
      Dios,
¡por Dios!, van, van
      a la Embajada,
como un agua sucia que
      extravió su río,
van historia en remís negro
      a la Embajada,
también para este poema
      estremecido,
sin tregua ni brillo ni final.


Del poemario del autor: 23 POEMAS/ La hora de los zorros, de próxima aparición

Eduardo Dalter
Buenos Aires, Argentina

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