domingo, 20 de noviembre de 2016

Andrés Bohoslavsky


El geriátrico

                          Donde quiera que vayas, ve con todo,
                          lleva siempre al lado tu corazón.
                          Confucio


Los domingos acompañaba a mi amigo a visitar a su abuela, que como el resto de los ancianos, se encontraba en un lugar llamado geriátrico, pero a mí me resultaba más parecido a un depósito de viejos, con rasgos de campo de concentración moderno, o una variante de los zoológicos, que en lugar de chimpancés y leones enjaulados, aquí el formato era en estado natural y sin rejas, donde los exhibidos eran seres humanos.
El dueño del zoo, perdón, del geriátrico, se volvió millonario a raíz de esta actividad y otras dos también exquisitas: prestamista y reconocido proxeneta.
Mi mente lo fue ideando de a poco, moldeando en silencio, domingo a domingo, conociendo el dato de que los abuelos partían ese lunes en un tour a la fría Necochea, en plena temporada invernal, entré de madrugada al lugar, entramos mejor dicho, mi gatito Sasha y yo. 
Rocié todo con nafta incluido el descapotable del tipo, encendí el fósforo que inició el incendio y escapamos en la oscuridad, tan sigilosamente como habíamos llegado.
Esa noche dormí mejor que nunca, como un ángel caído que trae justicia a un mundo cruel, un anti-sistema de los sin voz. El mundo se redimía con mis actos, con los actos de un héroe anónimo del cual nunca nadie sabría nada.
Me levanté y encendí el televisor que informaba de la tragedia, los ojos de Sasha hablaban al mirarme: treinta y nueve abuelos fallecieron en el incendio.
El viaje de los abuelos era el lunes, pero no ese sino el siguiente, debido a un cambio de planes de último momento, entendí en ese instante que el infierno está tapizado de buenas intenciones. El velatorio movilizó a la ciudad completa, el dolor era terrible y todos lloraban desconsolados, todos menos el tipo que sufría en silencio por el fin del negocio y su descapotable derretido.
Socavado en mi conciencia como el personaje central de Crimen y Castigo, me entregué confesando todo, me declararon insano y paso los días en este neuro-psiquiátrico, para el que también mi mente y la de Sasha forjan planes.


Andrés Bohoslavsky
Desde algún lugar del mar


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Analía Pascaner