domingo, 25 de septiembre de 2016

Norma Etcheverry


La separación

En el sueño te vi.
Te vi bajar de un automóvil blanco con una niña en brazos. Era la entrada a una escuela, no querías llegar tarde. Una mujer, la madre de la niña, conducía el automóvil que aguardaba en la puerta. Los niños de uniforme revoloteaban cerca. Había tantos árboles como en el bosque de Etosha que solíamos recorrer en otoño. Árboles con hojas de distintos colores que caían sobre nosotros, sobre los niños, sobre el camino que se perdía a nuestra vista.
Bromeé sobre alguna cosa que ahora no recuerdo.
De otra forma no habría podido mirarte a los ojos.
Ni en el sueño.


El origen

Nacerá la criatura.
Será esta tarde de agosto en que de pronto les aparezca un hijo. Es extraño. Sentir que de pronto pueda ser de uno u otro, indistintamente.
Dos hombres, en lo más recóndito y honesto de sí mismos, esperan que esa paternidad no les corresponda.
Mientras, la mujer parirá una niña. Sola en el hospital.
Con esa niña y esa duda.
Una certeza rosada y frágil.


La impotencia

Algunas veces, no sé por donde seguir -confiesa.
- Pues sólo hay que seguir.
Falta pasión para luchar –dice.
- No es verdad. Las luminarias en la noche resucitan nombres compañeros y la cara de los asesinos en la pantalla. Doscientas mil personas se agitan por la avenida, dispuestas a no olvidar.
- No es suficiente. Mañana los periódicos dirán diez mil y todo estará como siempre.


Del libro de la autora: la vida leve. Ediciones La Carta de Oliver, noviembre 2014

Norma Etcheverry
La Plata, Buenos Aires, Argentina

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Analía Pascaner