miércoles, 20 de abril de 2016

Gustavo Córdoba


Abril

Este abril me llena de temores,
presentimiento oscuro;
abril sin rosas rojas.
Abril, con este corazón que aún late
herido.

Abril: otoño mío
preñado de hojas secas
y de cobres,
la savia se duerme entre las ramas
de un sauce que antes fue verde
lamiendo de su lecho, junto al río.

Huelo en el aire un desamor de soles
y el de saber
que he de quedarme solo a la vera de un tiempo,
detenido;
hurgando en los recuerdos
una sombra que me lleve
de nuevo hasta tu sitio…

Este abril, me llena de temores;
¡siento un otoño final
muy dentro mío!


El otoño y yo

Nuevamente es otoño y yo
con esta soledad que me devora
como echando raíces hacia dentro,
como buscando regresar hacia el origen;
hacia la procedencia de la cual partí y hacia donde debo
regresar ahora.

Siento que el agua y la greda me convocan
pero no siento el dolor que antes me dolía,
ahora me refugio en recuerdos
me guardo en mis silencios,
y espero.

Hoy nadie vino a verme,
lo prefiero
ello me permite demorarme en este tiempo
de ahora
cuando es otoño y la tarde agoniza
porque se queda sin sol
esperando como yo otra aurora
para volver en otra Entidad, a renacer en fruto
y endulzar como yo, en otro tiempo
otra boca…

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
¿Tengo que decir adiós
o sentarme a esperar que el sol que murió
renazca a la mañana para darme la gracia de otro día,
para seguir caminando esta nostalgia
del brazo de esta soledad que me devora?

De nuevo es otoño y sigo
guardado en los silencios de mi alcoba…

¡De nuevo es otoño y sigo esperando no sé qué
en esta hora!


Dios

Regreso a TI,
cuando las sombras de mi tarde
caen impiadosas sobre la presentida noche
del silencio
y no traigo nada en mi mano para darte;
ni la candidez de mi niñez lejana,
ni la oración primera que mi madre me enseñara,
ni la fe, resguardada en la esperanza…

Sin embargo,
regreso a TI a cobijarme en tu gracia;
a ofrecerte mis manos unidas,
suplicantes,
en la actitud de aquel que pide todo
sin entregarte nada;
solamente,
¡el pedirte perdón, por la tardanza!


*  *  *

Para María Emilia Azar de Suárez Hurtado, con admiración y respeto

María Emilia Azar

María Emilia Azar, dueña de la palabra,
dueña de todas las palabras;
en tu nombre primero, nace el VERBO
y es por eso que al conjugarlos todos
un río manso de miel
te crece desde adentro.

Al igual que a la greda
amasas con tus dedos
todo un mundo de versos,
desde un fondo de rimas te recuerdo
¡y cómo no hacerlo!

Te recuerdo en los primeros nísperos,
el cigarro de chala, el cerco de tu casa
y en el canto aquel para tus cerros,
cuando dices en tu canto Catamarca.

Te recuerdo en ese poema tuyo
cuando hablas de tu alianza de oro
finita y tan delgada
como si fuera un ala
que busca en el silencio
aquella otra ala,
para juntas,
volar al infinito
en busca de otra siembra
y de otra zafra.

Te recuerdo porque sabes
que la muerte no existe
para dos que se aman,
que el adiós, es solo una palabra
que significa hasta luego o hasta mañana,
y que el verdor del sauce
con sus pies descalzos, junto al río
será siempre esperanza.

Por eso, María Emilia Azar,
dueña de todas las palabras
te pido perdón por este verso
que sé que no te basta,
porque en torno tuyo
todos saben
que tu nombre será siempre
Catamarca.


Gustavo Córdoba
Catamarca, Argentina
Poemas tomados de su espacio web:

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