miércoles, 20 de abril de 2016

Abel Granda


Dioses

No hay dolor lo suficientemente pequeño, ni felicidad que no pueda ser mayor; como no hay sueño del que no se despierte a destiempo. Nunca hubo una condena justa, para alguna de las dos partes. El mundo se divide en ellos y nosotros, pero a la hora de hilar fino para ajustar nuestras cuentas, “nosotros”, acabamos siendo, tú y yo.
No me pidas que escoja entre nosotros, porque lo único que haré es buscar una excusa, un malabar que me permita despedirte con fuegos de artificio. No te culpo, y no malgastes tu tiempo en culparme, porque eso es lo que somos; jueces y reos de otras realidades, de otros anhelos, que tarde o temprano toparán con los propios. Hay un dios por cada hombre, y tantas diosas como mujeres; pretender que hay sólo un responsable, de este milagro en obras, es zafio; “un encogerse de hombros de la inteligencia”, dijo el maestro Pessoa. 
Amplio es el olimpo, y son tus pares quienes están, o ya se fueron.


Aquœ

Luchando contra el frío, contra el calor, contra la sed y el hambre, se construyen las naciones; o sea, sobre la necesidad. Lo malo es que al arribar a lo necesario sin grandes esfuerzos, algunos pueblos entienden que un superávit tampoco estaría mal, y queremos jugar al golf en la sabana africana; llenamos un botellín de 200 cc en la ducha de la piscina municipal, con un dispendio de tres o cuatro litros de agua pública. Somos muy generosos con lo que creemos que no nos cuesta; ¿de dónde creéis palomitas que sale el dinero necesario para las infraestructuras? Sí, debe ser la Primavera, que me pone reivindicativo.


El efecto mariposa. ¡No vaa máaaas!

Creo firmemente en la teoría del caos de Edward Lorenz, y por ende, en los postulados del popularizado efecto mariposa; no son sólo los grandes acontecimientos históricos los que son capaces de provocar perturbaciones profundas. 
Todas las religiones tienen un punto de partida, así como una hipótesis más o menos creíble, acerca del destino que habrá de alcanzarse, una vez el dogma contenido triunfe sobre las fuerzas opuestas. Mi religión no me permite asertos, porque supone, que como poco, habrán de estar influidos por variables tan dispares como la interpretación errónea de la teoría de la relatividad; la digestión de anoche o el próximo vencimiento de un impago. El futuro, como la climatología o la nueva colección de la temporada Prêt-à-porter 2016 está en nuestra mano, y no hay dioses que puedan parar esta evidencia; está en la fuerza de nuestros actos; en la misma bolsa en que metimos el violín cuando no debíamos, o en la bocaza que abrimos a destiempo. Pensad en ello, y empezad con vuestro cuñado, por ejemplo, con ese amante portorriqueño, o en la urna el 9 de Marzo, porque no ir, no desencadenará el apocalipsis, pero tampoco contribuirá a que esa sensación de que sois libres; que pensáis por vuestra cuenta, tenga algún efecto práctico. Si vuestras alas no baten, el mundo se detiene, y gana la banca.


Tú verás

Te voy a dar ventaja, haré como esos lobos que en la disputa de jerarquías, terminan ofreciendo el cuello al animal dominante, en señal de acatamiento. Me perdonarás no obstante que te dé la espalda, como me dijo en uno de mis viajes, el cacique de una tribu caníbal al empezar la cena. Lo hago; no por cobardía, o por regatear arterias que prueben mi buena fe, lo hago para no ver tus ojos; porque si su mirada es aún más intensa de lo que imagino, no podría resistirlo. Podrás morder, todo lo profundo que deseares, que yo me habré desmayado al sentir la avanzadilla de tus labios húmedos. Pero; ¡ay cuando me dé la vuelta!, sabrás porqué Miguel Hernández declaró la dentadura un arma; artilugio primitivo que puede modularse, y tornar saña en placer. Sentirás algo así, como aquel algodoncillo que precedía el llanto y el entrecerrar de ojos y músculos, en la blanca habitación del miedo prevenido de tus primeros años. No habrá aguja esta vez, podrás relajarte, y tras la tibia caricia que lubrica, caerán unos dientes comedidos, … y cometodo. Unos brazos que te estrechan, que provocan y reprimen el espasmo, y la daga rumbo a tu corazón, por el camino que menos resistencia ofrezca.


Abel Granda
Madrid, España

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