miércoles, 23 de marzo de 2016

Salomé Moltó


Cuando lo diferente coincide

- ¡No se la lleven, no se la lleven! Si me la quitan, me moriré.
- ¿Eso es lo que dijo el viejo?
- Exactamente
- ¿Tanto la quería?
- Pues parece que si.
- Y, ¿nunca se lo dijo?
- No, nunca, fue ella la que se declaró a pesar de la diferencia de edad.
- ¡Yaya sorpresa! ¡fue ella!
- Marcelo era un argentino que vino a luchar a España durante la guerra civil. Lo hirieron en Belchite, al terminar la guerra estuvo en un campo de concentración, en la cárcel y después no volvió a su país. Se casó aquí, pero su mujer murió al dar a luz y también su hijo. Llevó una vida de bohemio, la España franquista le oprimía. Se mantuvo indiferente, cerrado en sí mismo. Un día conoció a Clara, ya sabes, en el bar que estaba enfrente de la agencia que ella regentaba y donde iba a comer todos los días. Él era un harapiento vagabundo que el dueño del bar le daba de comer a condición de sacar la basura del bar por las noches y dar un barrido al local.
Un día Clara se lo quedó mirando y le dijo:
- ¿Estaría usted dispuesto a cuidarme el jardín?
- Deme un cobijo y la comida y trabajaré para usted.
-¡Hecho!
A partir de entonces Marcelo ocupó una habitación en la parte trasera de la casa. Comía en la cocina y durante el día cuidaba el jardín y los árboles frutales. Con el tiempo de una parte trasera de la casa hizo un huerto. Clara estaba encantada de comer verduras y frutas ecológicas.
Hablaban poco, eran dos mundos diferentes, no sólo por la edad, y no obstante, esos dos mundos diferentes, esos enfoques, vivencias distintas, se fueron acercando, un tiempo después, a través de largas conversaciones que no dejaban de sorprender a Clara, aquel vagabundo era culto, ponderado y respetuoso. En silencio se fue desarrollando entre ellos, algo profundo que ninguno de los dos se atrevió a clasificar y revelar, pero que se convirtió en el caldo de cultivo de su cotidianidad.
- Es sorprendente cómo las personas que se ven distantes, cuando las circunstancias surgen se trama un acercamiento, muchas veces profundo y duradero.
- Pues sí, hay algo que subyace en nuestro subconsciente, en nuestra parte más íntima y que puede aflorar en determinados momentos. 
- La casa de Clara, a menos de dos kilómetros del pueblo, estaba rodeada de 2.500 metros de jardín y desde que Marcelo vivía en ella, como ya te digo, también de una hermosa huerta.
Un ictus acabó con la vida de Clara, con la huerta y el jardín. Los herederos lo vendieron todo y Marcelo con el petate a cuestas, emprendió otro camino, más viejo y con el corazón destrozado. Y es que a pesar de la adversidad y sin importar las circunstancias, hay gente que sabe amar a todas las edades.


Salomé Moltó
Alcoy, Alicante, España

2 comentarios:

  1. Me conmovió, muy bien llevada la historia.
    Un abrazo
    Betty

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    Respuestas
    1. Gracias por tu lectura, querida Betty. Que estés muy bien

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Analía Pascaner