miércoles, 23 de marzo de 2016

Ricardo Ponce Castillo

         
              Tríptico Cansancio – Noviembre 2015

Querido amigo

Sí, lo sé,
muchas veces me burlé de ti,
pero estaba clarito,
el tiempo se acercaba raudo
para aferrarnos el uno al otro
y caminar felices
marcando los últimos pasos,
también terminaré
escribiendo mis últimos versos
en la arena.

Ven, bailemos,
mis piernas ya se están negando a sostenerme,
por lo tanto, tú para mí
ya no eres motivo de burla,
si no, mi fortaleza.

Antiguamente en ti se escribía
la historia, hoy ya no interesa,
el hombre viejo vive en nuestro
tiempo abandonado,
encerrado en la casa,
en un asilo, en hospitales.

Querido amigo bastón,
ven, ayúdame a caminar.


Cansancio

No,
no es por la vejez,
No, sólo es cansancio,
muchos sueños quedaron postergados
en el camino de la vida,
debe ser tal vez
porque ciego caminé
en su loco deambular
ayudando a otros
y olvidé de ayudar a los míos,
de trabajar hasta enfermarme
cuidando a otros
y me olvidé de cuidar a los míos.

Siempre decía:
mi recompensa será divina
porque de los hombres
nada debo esperar;
así que, sentado en el pórtico
de mi cansancio,
escribo escarbando recuerdos,
recibiendo sonrisas
y entregando cariño y amor.

Sí, lo sé muy bien:
los agradecimientos
le pertenecen a Dios.


La defensa

Así está nuestro tiempo,
tal como fue profetizado,
los gobernantes y empresarios,
a pesar de ricos
son los que más evaden impuestos, o sea,
los que menos pagan
y nadan felices en una felicidad
que les dura sólo hasta salir
de las puertas de sus casas.

La justicia en el gobierno
vale sólo hasta que el Dios
Dinero acaricia su bolsillo,
después nada,

Que cada uno se las arregle como pueda,
ellos están ocupados
en proteger hijos, familia,
lo que le pase a la gente
que los eligió para su defensa
pasa a un segundo plano.

No importa,
sigan disfrutando,
ya les tocará pagar la cuenta.


La esclavitud

Al final de cuentas
terminamos como empezamos,
la esclavitud sigue riéndose
de los que ansiosos esperan
la justicia que muchos
utilizaron para defender
al agobiado pueblo,
pero como el pueblo nunca
lo entendió, todos murieron
siguiendo sus ideales.

Hoy, mientras más se trabaja
menos le pagan,
jefes, padres de familias,
con su arrogancia
y despotismo demencial
se acuerdan de descuentos
que jamás existieron.

Los esclavos,
no tienen donde recurrir
para exigir su derecho;
los que ganan millones
sin hacer nada se ríen
y sentados esperan
que las deudas los agobien
y los vuelvan de nuevo
al trabajo.


Ricardo Ponce Castillo
Coquimbo, Chile

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