miércoles, 23 de marzo de 2016

Federico Spoliansky


La miscelánea de pobres y abolengos hace que todo sea posible.
Londres se presenta como una cantimplora para todas las razas, el imperio liberó a los esclavos, se fertiliza la paz. Otros esclavos inmigran, se recrea lo foráneo, San Jorge y el Dragón, se lotea la identidad. Los cuerpos que sólo conocieron un ave en la frente deambulan por bocas de subte y andén. Es el usufructo que dejó la guerra, el desconcierto de pieles curtidas bajo otro sol. Londres es tolerante, generosa, se subalquilan cuartos en edificios del municipio, se copian llaves, es ilegal.
-No es ilegal saberse tramposo -sostuvo mi tatarabuelo inglés. Y se trasladó. Cambió asma y patria por traficar opio en Shanghái.


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Debería ser costumbre aplaudir al atardecer, al encenderse una marquesina, caminar respetando el paso del buey, no estropear la decadencia.


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Habla de la enfermedad en tercera persona.
Los sobrevivientes quieren volver, escapan del refugio, la paz es tan incómoda que se suicidan para confirmar la explosión, buscan estar a solas con ella, vivirla una vez más en el cuerpo, el mundo que conocen permanece en ese abril. Piden volver, no al lugar, al hacinamiento que los sorprendió dormidos. Aman la tierra natal, tropeles de plomo y cobre suben por los aljibes. Algunos han quemado sábanas, se han arrojado alcohol, encendido el cuerpo y salamandras para volver, volver y que se reavive la Ucrania del útero radioactivo. Otros imitan la ceguera de los pájaros, el balido de los ciervos, las náuseas prosperan debajo de los pies. El casco urbano que una vez los albergó habita postales de saqueadores y aventureros. No se vacía el refugio por las muertes, el recambio de comarcas devuelve gritos a los territorios del borde, el poder los ha transformado en mendigos, a gusto en la miseria.


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Encuentro en el cuerpo un silo, un silo rodeado de otros silos, en cuál entro, cómo entro sin que me piquen las moscas que planean rodeándolo, maestro de todos los silos, maestro silo de todas las semillas que se van a plantar.   


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Es una síntesis decir amor, te amo, azalea versus lila, preguntarse: ¿qué nos diferencia?, ¿en dónde se encuentra el pensamiento de una azalea con el de una lila?, donde hay orangután, ¿no hay hombre?, ¿no hay piel de hombre y azalea, lila de hombre, magia y hacer?


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Siempre hay algo encerrado en la boca, tres patos pasan a caballo por donde camino y yo encierro con mi cámara la mirada de un mono, la piedra que le cae encima.


Textos del libro del autor: Duda Patrón. Editorial Alcion, 2010.


Federico Spoliansky
Capital Federal, Argentina

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