miércoles, 23 de marzo de 2016

Ada Inés Lerner


La muerte no puede con todo

Apareció, un día cualquiera, un blog con su nombre completo, para que no haya dudas. Sus fanáticos de siempre lo leían y releían y ya se hablaba en los foros. Relatos Minificciones, poemas, cuentos…
El mundillo de las letras se conmovía y los expertos decidieron que eran obras originales, inéditas, que alguien había tenido acceso a sus archivos y decidió publicarlos en la red. ¿Por qué así? Cualquier editorial lo hubiera aceptado gustoso. Se estaba perdiendo ventas seguras el privilegiado – posiblemente familiar, amigo íntimo - desconocido, envidiado por muchos, seguramente.
Había sido un escritor prolífico en vida. Pasó el tiempo, medida convencional de nada, y nuevas obras…
Hasta que se convirtió en una obra póstuma tan extensa que la certeza derivó en dudas metafísicas. Y ahí ya hubo una sola certeza: la necesidad de escribir no puede detenerla ni la muerte.


El mito

Del Morocho del Abasto todas sabíamos que era morocho pero la separada del fondo afirmó que era teñido, y la de la ochava aseguraba que sus guitarristas tocaban sentados porque él era muy petiso y la pedicura de los viernes apuntó: a Carlitos Gardel, los zapatos se los hacían a medida para respetar juanetes y callos; la planchadora contó que el morocho era de cuerpo escaso pero que un ambo especial lo hacía parecer robusto.
La del delantal de cocina decía que lo había visto en un baile de carnaval; pero si ha muerto en Medellín contestó la manicura; eso es mentira refutó la rubia (arrepentida) en volumen de secreto (¿por qué se bajará la voz también para contar secretos a mucha gente?): Carlitos y Aguilar sobrevivieron pero el morocho quedó desfigurado y vive escondido. La de los ruleros azules se reía en forma estentórea (siempre quise usar esta palabrita) ¡qué va a estar vivo, qué va a estar!, a lo que la hija de la peluquera mencionó una foto que lo mostraba saltando del avión después del accidente y la del termo (yoruga, para más datos) concretaba: esa no era una foto sino una infografía (como ninguna sabía qué era una inf… nos callamos, en especial para no desnudar nuestra ignorancia, que es la más impúdica de las desnudeces) y agregó: Carlitos ha nacido en Tacuarembó y yo también lo vi dijo la pelirroja (cuya palabra es irrefutable porque es la mujer del kinesiólogo que es casi como un doctor, salvando las distancias, claro) en una revista extranjera cuyo nombre no venía al caso. 
En definitiva, todo es relativo y aunque Gardel nunca existió, cada día canta mejor.  
        

El ritmo  

Por favor, sea breve -dijo el relojero -debo poner en orden los relojes. El ritmo del tiempo es mi responsabilidad. Un error podría ser fatal para la Humanidad. ¡Y para el resto del Universo! En el Génesis la marcha era acorde, pude ocuparme de otros asuntos: conciliar con Abraxas, regular a los demiurgos y otras tareas. El tiempo no pasa en vano y mi misión es promesa de futuro. No lo digo por soberbia. Soy Dios, sólo soy Dios.

          
Desde el ajedrez de los niños

La bruja abrió el Libro Amarillo y recorrió sus páginas sanguinolentas. Escudriñó a un lado y a otro para asegurarse que nadie la espiaba y cuando estuvo segura que estaba sola buscó un potaje secreto y el espejo mágico para embellecer su rostro, quería conquistar al nuevo verdugo. Hombre fiel al Rey Blanco y a sus deberes podría suministrarle cabezas decapitadas para sus experimentos. Cuando vio que el día se desmoronaba en nubarrones negros como su alma se acercó volando a la casa de su futuro cómplice. En su ansiedad olvidó cambiar su ropa pero en un toque mágico se vistió de lila. Esperaba ansiosa que él la recibiera.
-¡Verdugo! -gritó frente a su puerta, las paredes se estremecieron -tengo algo importante que ofrecerte -simuló con una vocecita sugestiva y casi femenina -Tú que eres el temor de todos los reyes y peones podrás vivir por siempre si hacemos un arreglo.
Silencio.
 -¡Yo no tengo miedo de los reyes ni peones! -bramó el verdugo -¡Fuera, de mi puerta, vete! -gritó de tal forma que el Rey Negro que cazaba por las cercanías los escuchó. Y también sus alguaciles que en tiempo de paz tocaban en sus laúdes canciones a las Reinas que jugaban con las Torres.
Los caballos blancos relincharon fiero y la Reina Madre Blanca cuchicheó con su par, la Reina Madre Negra, porque a las Madres no les gusta la guerra, y cubrieron de polvo los ojos de la bruja que se retiró desarrapada y sucia y el Verdugo no abrió nunca más su puerta. Allí quedó esclavo.
-Los peones no tienen que preocuparse todo será paz y alegría porque -sonrieron -los hombres no existen.


Ada Inés Lerner
Ituzaingó, Buenos Aires, Argentina

4 comentarios:

  1. Analía querida, gracias por difundir mis textos.
    He leído otros textos que has seleccionado y felicito a sus autores y a tí por elegirlos.
    Voy a enviar a amigos escritores esta revista para que te visiten y colaboren.
    Te cuento que abrí un nuevo blog para poemas míos y de poetas que considero merecen ser leídos.
    http://empezarporcerrarlosojos.blogspot.com

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias a vos, querida Ada, siempre es un gusto publicar tus textos.
      Agradezco tus palabras elogiosas con respecto a la revista literaria, me reconforta saberlo pues me complace realizar estas ediciones.
      Gracias por compartir tu blog, estuve leyendo y es muy interesante.
      Cariños, que estés muy bien
      Analía

      Eliminar
  2. MUY LINDO RELATOS, ADA INÉS. GRACIAS POR COMPARTIR ESTE LINDO ESPACIO. ABRAZO, LAURA.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por tu lectura, querida Laura.
      Cariños
      Analía

      Eliminar

Muchas gracias por pasar por aquí.
Deseo hayas disfrutado de los textos seleccionados en esta revista literaria digital.
Saludos cordiales
Analía Pascaner