miércoles, 11 de noviembre de 2015

Robert Gurney

Dylan y la casa del párroco

Estaba cansado,
necesitaba escapar
del torbellino del mundo.

Necesitaba un lugar donde reclinar la cabeza
por un tiempo, cualquier lugar,
donde podría encontrar nueva inspiración.

Sintió la tentación de ir a vivir
en la aislada Rectoría
en la Bahía de Rhossili 
en el extremo de la península
de Gower.

Le dijeron
que en ciertas noches
se podía ver en la playa
el fantasma de un párroco
montado en un caballo negro.

Le dijeron
que en las noches de tormenta
se podía ver un carro negro  
tirado por cuatro caballos grises
frenéticamente batidos
por el fantasma
del Escudero Mansell.

Le dijeron
que en la casa del párroco
hubo varios fantasmas,
que un vicario había afirmado
que había oído pasos
en la escalera,
que él y su esposa habían ido a ver
quién estaba allí
y que habían visto
dos fantasmas de piel gris
deslizar hacia ellos,
un hombre y una mujer
en ropa de estilo eduardiano,
que las apariciones simplemente se desvanecieron
ante sus propios ojos.

Le dijeron
que en pleno invierno
el fantasma de un monstruo
emergía del mar
y que dentro de la Rectoría
uno de repente se encontraba inmerso
en un charco frío
de su maldad
y que se oía una espantosa voz que decía
“¿Por qué no te vuelves atrás y me miras?”,
que si uno lo hacía,
no se encontraba nada allí.

Se le dijo
que en una noche oscura
detrás de la colina, detrás de la Rectoría,
a veces se podían sentir
los fantasmas y los huesos de los hombres
de la edad de piedra
venir hacia él
como zombis.

Se le dijeron estas cosas.

A la gente de Rhossili
no les gustan ‘los extranjeros’,
ni siquiera los de Cwmdonkin Drive
de Swansea.

Dylan se apartó,
volvió a la vorágine de Nueva York
donde, un par de meses más tarde, 
murió.

Poema inédito, para la versión española del libro Para Dylan, en preparación


El tsunami (un sueño)

(A mis hijos James y William)

Paseábamos
sin ninguna preocupación
en la playa de Port Eynon.

No vimos venir el tsunami.

Señalábamos
unas piedras altas
que fueron esculpidas
con formas humanas
de pie
en el agua.

Una de ellas
parecía a Dylan.

Fui arrojado
sobre las rocas.

Mi hermano
y su novia
fueron tragados
por el mar.

Todo el mundo desapareció
salvo yo.

Corrí para rescatarlos
pero no los vi
por ningún lugar.

Una a una
la gente reapareció
jadeando
pero ellos no.

Perdía las esperanzas
cuando aparecieron
como corchos.

Nos echamos en la arena
tras la Casa de Sal
y nos dormimos.

Del libro Para Dylan, en preparación.
Versión española del poema 'My Son's Dream', de Robert Edward Gurney, To Dylan, Llyfrau Cambria, Cambria Books, Llandeilo, 2014.


Molestados por tejones

Molestados por tejones
Dylan y Caitlin
yacen en la arcilla del cementerio extra de San Martín
en Laugharne,
mientras que los huesos del Helvetia,
que se hunde año tras año,
en las arenas de Rhossili
parecen no desaparecer jamás.

Poema inédito


La Dama Gris

Cuando piensas
en toda la gente
que has encontrado
y a quienes tal vez
no volverás a ver
pero entran y salen
flotando
de tu mente,
gente cuyos teléfonos
sigues guardando,
sin darte cuenta,
en una vieja libreta,
gente cuyos números
puedes dar
a un amigo
que no has visto
desde hace dos o tres años
que te llama
y te dice
que irá a un país extranjero,
¿no sientes
a veces
que parecen fantasmas
como esa Dama Gris de Luton
que se pasea
y te mira, sin verte
entre la Iglesia de Saint Mary's
y el pub The Cork and Bull?

Último poema pertenece al libro El cuarto oscuro, Lord Byron Ediciones, Madrid, 2008. ISBN 9972-275500-7


Robert Gurney
St. Albans, Inglaterra

2 comentarios:

  1. Textos profundos y amenos, gracias por compartirlos.
    Betty

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    Respuestas
    1. Gracias por tu lectura, querida Betty.
      Cariños, que tengas días agradables
      Analía

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Muchas gracias por pasar por aquí.
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Analía Pascaner