miércoles, 11 de noviembre de 2015

Horacio Laitano

El adusto violinista

 Don Carlos, el adusto violinista, recorre paso a paso las calles de su barrio. Puntilloso como siempre, se detiene en cada esquina y observa las fachadas. Las casas más antiguas despiertan su interés adormecido. Es entonces cuando siente que comienza la mañana. Un día cristalino en su memoria va trayendo silenciosas compañías. Sus primos en el campo, sus tías en la plaza y alguna señorita en la bruma de las tardes…
 Ahora que el tiempo se acumula como el polvo, Don Carlos se refugia en las preguntas que rescatan el sentido de su vida.


María de las Nieves

 -¡Espeluznante, gordo, espeluznante!- gritaba María de las Nieves, dando vueltas en el patio de su casa. Giraba como un trompo y se caía… y volvía a levantarse. Los vecinos se asomaban para verla y en el mismo remolino perdían su equilibrio. El padre de María de las Nieves observaba la escena sin moverse, aferrado con temor a las patas de su silla. Sus sobrinos más pequeños se escondían en la cama…
 -¡Espeluznante, gordo, espeluznante!- coreaban las hermanas de María de las Nieves, sin saber hacia dónde desplazarse…


Dudosas convicciones

 Sabe que los quiere pero siempre tiene dudas. Duda de la madre, duda de la hija y en el hecho de dudar se recompone. Cada vez que se levanta, pone en duda sus dudas anteriores. Convierte el ayer en el mañana y el paso silencioso de las horas en un viejo reloj que no funciona. Instala en su familia el cuerpo de la duda. Entre todos lo alimentan y lo engordan. Lo vuelven tan incómodo y pesado que empiezan a dudar de sus propias intenciones.


Migrantes misteriosos

Cracovia los despide. Son futuros inmigrantes de otras tierras que van a sumergirse en sus días espumosos. Tal vez se casen con otros extranjeros, deseosos de olvidar el sufrimiento. Tantos años de sonoras consonantes se alojan con pudor en la memoria.
-Después, veremos qué sucede -dice el jefe de todos los presentes, envolviendo sus palabras con el humo del cigarro.
-¿Seremos extranjeros? -pregunta alarmada la pequeña secretaria.
-Seremos lo que somos -contesta el gestor que lleva los papeles, mientras ordena el cajón de su escritorio.
Al cabo de unos años, Cracovia los invita a que regresen. De aquellos primeros emigrantes sólo queda una familia que recuerda los sucesos. Un relato minucioso repetido en la penumbra que ellos quieren convertir en sagrado testimonio.


Del libro La reunión de los ausentes. Ediciones Botella al Mar, Buenos Aires, junio 2012

Horacio Laitano
Pergamino, Buenos Aires, Argentina

2 comentarios:

  1. Bellos textos Horacio. Un abrazo desde Pergamino. Cristina Noguera.

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    1. Gracias por tu lectura, Cristina.
      Saludos cordiales
      Analía

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