domingo, 14 de diciembre de 2014

Roberto Pagura

Casillas neutras

La lectura de una nota sobre el controvertido tema del terrorismo de Estado y los crímenes del terrorismo no estatal, me hizo reflexionar.
Quienes nos titulamos “pacifistas”, ¿cómo podemos admitir que se cometa todo tipo de crímenes en nombre de supuestos principios de uno u otro signo?
Y poco a poco, casi sin darme cuenta, fui trasladando esas ideas al ámbito del tablero de ajedrez. ¿Cómo tolerar que en él se ponga en riesgo la vida de peones, alfiles, caballos y torres en salvaguarda de la seguridad de reinas y reyes cuyas vidas deciden el resultado de una partida?
“Así fue siempre”, dirán algunos y “lo dice el reglamento”, dirán otros. ¿Pero esos argumentos deben conformarnos? ¿Con qué derecho jugamos con la vida de humildes peones como si ello fuera inevitable? Sacrificados peones que tienen la misión de convertirse en dama cuando llegan a la octava, como travestis a la fuerza.
Creemos que deberían tener la opción de refugiarse en casillas neutras, ni blancas ni negras, donde nadie los pudiera atacar y menos borrar del mapa del tablero. Por lo menos les posibilitaría gozar del descanso necesario para reponer energías.
Ya ven ustedes cómo se pueden hallar soluciones, basadas en el derecho, que los protejan de injusticias y peligros.
Negros y blancos son los caminos de la vida y de la muerte también, señores abogados. 
Y decía Borges: “sobre lo negro y blanco del camino buscan y libran su batalla armada”, para agregar después: “También el jugador es prisionero de otro tablero de negras noches y de blancos días…”
Seamos verdaderos pacifistas, que así salvaremos al ajedrez, convirtiéndolo de enfrentamiento armado en noble competencia de inteligencias y voluntades al servicio del arte y de la vida.


Internado

- ¡Señor Roberto, tiene usted visita!… gritó un hombre vestido de blanco.
Caminé por la vereda de baldosas negras y blancas siempre derecho, como una torre. Quise saltar como un caballo, pero no me dejaron… Los peones pueden convertirse en dama al terminar la vereda…
Recordé la rayuela pintada en el pasaje de mi infancia: tierra y cielo… y el caminar sorteando baldosas…
Me llevaron a un rincón del jardín donde me esperaba una mujer, pero no recuerdo quién era. Ya sentados en un banco, me dijo que “pronto volvería a casa”, que el Dr. Oloff le había prometido…
No entendí qué quería decir… Pensé cómo hallar la solución. ¿Debía sacrificar material? ¿Cuál sería mi próxima jugada?
Mientras yo pensaba, la mujer llenó el espacio con palabras.
- ¡Juegue, por favor!, le dije.
La mujer calló y me miró fijamente:
- ¿No querés volver?
Con un fuerte dolor de cabeza regresé a la habitación donde me preparaba para la próxima competencia.
Al día siguiente, un señor vestido con traje y corbata vino a verme. Se sentó en la única silla del cuarto y yo en la cama. Me miró como lo hubiera hecho mi padre y me dijo:
- Un muchacho preguntó por usted. Dijo que sus alumnos lo extrañan, que las matemáticas son divertidas cuando usted las enseña y que Ud. los ha hecho interesarse por el ajedrez.
- El ajedrez es matemáticas más psicología más música. ¿No le parece a usted?, le dije al señor de traje y corbata.
- Cierto, pero con el debido descanso para no fatigar la mente…
Y pronto quedé nuevamente solo. Seguí pensando cómo resolver el problema, pero las imágenes del tablero se fueron borrando poco a poco… Hoy me costó levantarme. La cabeza cansada de resolver problemas, algunos de matemáticas y otros de ajedrez.
Para salir del encierro debía comunicarme con Caissa, quien vendría para llevarme secretamente afuera en procura de la libertad y el amor.
Me miré al espejo. Ya no era el muchacho de 20 años, ni el de 40, ni el de 80. Me encontraba volando sobre la ciudad descubriendo, uno tras otro, los lugares donde viví hace mucho tiempo. Pero yo no estaba en ellos.
Un hombre vestido de blanco entró a mi habitación para decirme que una joven muy bella preguntaba por mí y se llamaba Clarisa, Marisa o algo así…
Pero yo no le creí y me di vuelta en la cama para seguir durmiendo.


Roberto Pagura
Buenos Aires, Argentina

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Muchas gracias por pasar por aquí.
Deseo hayas disfrutado de los textos seleccionados en esta revista literaria digital.
Saludos cordiales
Analía Pascaner