martes, 4 de noviembre de 2014

Daniel Abelenda Bonnet

Ciertas canciones

Vos tocaste con tu guitarra
unas canciones de Brassens
Y yo amé tu voz, tu pelo, tu cuerpo
-jóvenes como éramos los dos-
Aquella noche yo te quise
Por tres, cuatro minutos,
O sea: por toda la eternidad.


Infierno grande

“You can´t go back home”. Bob Dylan.

Con un sol amarillo de trigales,
Pastaban bestias, pasaban gentes,
Bajo el yugo de los trabajos y los días
-antiguo ritual de las estaciones-
Pueblo chico, vidas secas…

Pero había una música nueva
Llamándote a andar caminos
Y partiste con poco equipaje
(unos poemas en un cuaderno liceal)
Pues la vida estaba en otra parte.


Artículo de fe

No escribes para existir
Existes porque escribes;
Pues nada ocurre
Hasta que no lo escribes.


Cambio de aire

Este poema, botella al mar,
no podrá, lo sabemos,
alterar nuestras vidas:
dos cursos inciertos
navegando en un mar agitado.

Este poema, acaso,
sólo pueda cambiar
el aire a tu alrededor,
darle sentido a tu sonrisa
-cuando cueste ya sonreír-
y el mundo empiece
a perder su magia.


Blowing in the wind

Creer en un Dios que calla
Escuchar la música
De las pobres palabras
Que no pueden decir más,
Que nunca alcanzan
Pero soplan en el viento
Y así sentirnos
-como entonces-
Más ligeros de equipaje
Y hasta un poco
Más eternos…


Dios de adolescencia
(Al Flaco, claro).

Entonces todo camino podía andar
“con tanta sangre alrededor”
todo podía ser más intenso
aun allá, lejos de todo
en aquel pueblo azul
rodeado de durazneros
pero donde no había
-nunca hubo-
cine o disquería.

Toda muchacha podía tener
“pechos de miel, corazón de tiza”
Cuando finalmente
Te daba pelota
Y caía enamorada
Con aquellos versos
Que sangraban cual duraznos
Pues ella no podía saber
Que vos los había sacado
De una canción de un tal Spinetta…


Buzos azules

En aquel tiempo gris
De uniformes azules
Y directores-dictadores
(después supimos que había otros peores)

En aquel pueblo de provincia
yo quise una muchacha
con la adrenalina de los dieciséis
y le regalaba mis pobres poemas,
Y ella me decía que le gustaban,
Que yo llegaría a ser un gran escritor
“como Neruda o Benedetti…”

Hoy ya no uso uniforme azul
No supe qué fue de su vida
Ni qué será de la mía,
Pero contra toda esperanza
Todavía escribo poemas.


Daniel Abelenda Bonnet. Carmelo, Uruguay


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