jueves, 9 de octubre de 2014

Mónica Cazón

El salto

 Descansa. Antes o después espero que nos veamos.
 Y entonces podré decirte estas cosas
     directamente.
 Raymond Carver

En otro cuerpo vas por estas mismas calles, donde aún
escuchas tus pasos bajo la lluvia.
Y ya no importa si se cruzó un gato negro, porque ese era tu color preferido;
y porque todo se va decías
menos el pensamiento amable de un mañana diferente.
El gato no volvió a hablar a lo largo de esa tarde
y yo me tragué la lengua de tanto preguntar
si el corazón se vacía entero
cuando los desencuentros se acentúan en el ir de las horas.
Así nos esperaremos,
y encenderás una lámpara al encontrarnos en la terraza del café,
con un hibisco blanco entre las manos y vestidos a la vieja usanza
para que los perros pasen a nuestro lado, pero ya sin aullarnos.
Porque somos dos poetas serios a punto de solemnizar el acto de querernos.
Ahora que te fuiste a escribir sobre la mesa de otros bares
haré tortas que nunca hice para que te deleites ya sin culpas, 
y oprimiré la llama que salta entre dos velas 
así continúe alumbrando el azul de la tierra,
el silencio ortodoxo de las próximas noches. 


El navegante

“Soy el nadador, Señor, sólo el hombre que nada.
             Gracias doy a tus aguas porque en ellas
                                          mis brazos todavía
                                         hacen ruido de alas”
                                              Viel Temperley

Mientras aferraba mi sombrero de playa y los barcos partían,
pensé en vos, Foguet
junto a esta sensación de pérdida y vergüenza.
Viniste y te fuiste en un momento.
Debí dedicarme a la jardinería, plantar tarcos y tipas
recitando a Prévert y sus arenas movedizas;
y discontinuar mi empeño en ignorarte.
El viento soplaba fuerte todo el día y arrebataba los versos del regreso,
y a pesar de que el viento se calmaba por las noches,
esa noche fue como todas las noches;
una enorme luna que reflejaba la sombra de las olas
y al barco anclado en Cabo de Hornos,
justo frente al bodegón de marineros ebrios.
Foguet, ahora estoy en casa, y aún pienso.
Tengo los zapatos relucientes y la cabeza inundada de arena.


Poemas del libro inédito Pura madera. 2013


Mónica Cazón. Tucumán, Argentina


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Unos gustan decir lo que saben; otros lo que piensan.
Joseph Joubert
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