martes, 26 de agosto de 2014

Gustavo Córdoba

NORY

Después de soñar tanto
caminando la espera,
dibujando en tu playa
caracolas de arena
en tu cintura nueva,
escribimos un nombre
de apenas cuatro letras.

…Y le llamamos NORY;
era tu nombre mismo
repetido en la siembra,
nuestra primera espiga,
ázimo pan de vida,
¡Eucaristía nuestra!

Y comulgamos juntos
amor mío, ¿lo recuerdas?
¡nuestro dorado pan
nuestra primera siembra!


In memoriam (para Bruno, mi perro, de pura raza perro)

Se le ocurrió morirse poco a poco
casi sin hacer ruido, despacito,
como caminan en la noche los recuerdos
que sin ser convocados, siempre se arriman
hasta la ventana del ojo abierto
que no sabe de sueños ni de miedos.

Y así se fue muriendo;
sus ojitos de perro callejero
se opacaban con las horas,
en el tiempo de vida de los perros,
de nada le valieron las pócimas
la comida elegida, ni el reposo
ni el encierro.

Una mañana de diciembre
casi sin hacer ruido, despacito,
se fue volando hacia el cielo de los perros.

Desde entonces no ha vuelto,
pero a veces, cuando regreso a casa
siento como si volviera,
por lo menos
a través del recuerdo;
salgo al patio, miro la cucha vacía
que todavía conservo,
y le busco en las sombras,
como si hubiera vuelto.

Se llamaba Bruno, y desde aquella vez
no he vuelto a tener perro
porque duele la ausencia,
(y vaya si duele)
¡de los amigos muertos!


¡Volver a Córdoba!

Córdoba, siete de abril del año en curso;
un otoño otoñal despinta las hojas de los árboles
y los deja a la merced del viento.

Allá abajo, las cuevas de teléfonos celulares
desbloquean recuerdos,
¡y tengo miedo!
un miedo cerval, recorriendo mi cuerpo
me desbloquea el alma,
llevándose así, casi de golpe
mis sueños de ayer, que creo ahora
¡nunca fueron ciertos!

Un desvelo onírico se agita,
con remolinos
dentro de mi pecho
mientras Jerónimo en sus cenizas, llora,
¡porque no puede desfundar lo hecho!

Busco como antes, un café para escribir mi verso;
“El Paulista” no existe y “La Oriental” ha muerto.

Regreso apresurado al hotel, engullo un analgésico;
preparo mis maletas,
busco mi boleto, abordo un taxi
hasta la terminal,
y vuelvo a mi lugar de ahora.

Cierro los ojos para olvidar lo visto,
me retorno a mi tiempo,
el verdadero;
el de guardarme en los brazos de mis hijos.


Final

Y yo me moriré,
no habrá llantos ni duelos, no habrá nada,
una ceniza oscura flotará sobre el cauce
de un río de silencios;
tal vez cante algún pájaro
un réquiem a deshora
mientras la tarde guarde muy callada sus sombras.

En mi cuarto, cerrado, algún latín antiguo
cuando arribe la noche dirá su Páter Noster
con un poco de unción, un poco solamente
porque la noche amiga buscará el horizonte final de la palabra
que se quedó en el labio antes de ser palabra.

Y yo me moriré y mis plantas quedarán sin agua,
sin luces mis ventanas;
un cuaderno de versos, un lápiz arriba de la cama
y un desamor de soles
celebrando mis nupcias
¡con alguien que esperaba!


Poemas tomados de su sitio web:


Gustavo Córdoba. Catamarca, Argentina


--
Todo era de los otros y de nadie, hasta que tu belleza y tu pobreza llenaron el otoño de regalos.
Pablo Neruda
--

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