domingo, 22 de junio de 2014

Jaime Icho Kozak

Nadie me lo pidió

Nadie me pidió
que mi espíritu tenga insistencias
en encontrar límites,
y olvidarlos a tiempo
en forma de nacimientos y luces.

Mis brazos son una expedición
a la inseguridad de la simetría.

Sublevan cegueras venosas
deslizándose sin cautela.

Me gustan tus tímidos aderezos
dando vueltas a la tierra,
buscando sus entrañas
sin olvidar que el día
se anilla entre mis dedos
y la difícil quietud de los vientos.

Llamo con toques de retina
a los siglos de tedio enfrascado
en ingratas líneas
de felicidad en tus manos.

Tanto pulo las palabras,
que si resbalo en ellas
caigo en la horma
de los sustantivos
que se adjetivan
al nombrarme.

Con todo, hay algunas
no dichas o no escuchadas.

Nadie me preguntó
si había aprendido a amar
hasta perder la duda,
que amanece en mis labios
forjados en tu risa.


Ojalá pudiera escribir

En mis manos caen gotas de rocío
y quedo contemplándolas,
sin saber en qué tiempos.

Anuncian densidades cercanas,
olvidos donde vuelven
amigos que amé,
escritos en caminos
con olores a pieles.

Nada tengo que olvidar.

En mis cuerpos
habita un minuto más.

Cuando no esté
no habrá recuerdos
acompañándome.

Marcas fugitivas en la arena.

A veces salgo exhausto a abrevar,
y voces como olas tibias
me envuelven
en mareas,
lunas y horizontes.

Cuando no quise beber el vino,
por no gastarlo,
se me agriaba en la copa.

El mundo vive fuera de mí,
y ya no indago
por insinuantes criaturas,
ni por quienes me preguntan:
¿a dónde te encaminas?

Quizá no sea tarde
y me aleje de sombras,
vuelva con la próxima lluvia
a caminar por la ciudad,
acostumbrado
a la densidad de la tierra,
y ojalá pueda escribir.

Poemas inéditos


Jaime Icho Kozak. Madrid, España

El autor ha presentado en mayo del corriente año, su libro Habrá otra vez, de Editorial Grupo Cero. Acerca de este libro, expresa Teresinka Pereira:
                ¿HABRÁ OTRA VEZ?
La colección de poemas de Jaime Kozak que tengo en mis manos, lleva el misterioso título de “HABRÁ OTRA VEZ (1)” sin la interrogación que le he agregado. El poema que da el título dice:
     Pregunté a los ancianos de las tribus
     si puedo iluminar rostros en derivas amadas,
     me respondieron:
     cuando los pájaros
     que anclan levanten vuelo,
     no pedirán permiso.

    ¿Qué esperar sino el rayo
     que devuelva al avaro la llave de la vida?

     Habrá otra vez.
            (pág. 79)
El tema es tan misterioso cuanto el título y se presenta por eso con unos versos herméticos que abren una pequeña luz de metáforas dejando al lector satisfecho por creer que lo ha entendido todo. Los versos y el tema me recuerdan que en el pasado, debido a una gran amistad que yo tenía con el poeta Henri de Lescoët, fui a visitarlo en Nice, para entrevistarlo por ser candidato de la Asociación Internacional de Escritores y Artistas al Premio Nobel de Literatura, en 2001. Cuando anuncié mi visita, Lescoët, quien había sido amigo del poeta Jean Cocteau, me envió un poema del mismo, que seguía inédito desde su muerte. Me decía en la carta, que el poema era un aviso. Pero en aquella época yo no lo entendí muy bien. Decía:
    Poema inédito de Jean Cocteau
         Alto, mi corazón
         Es el final del viaje.
         Partir es vivir,
         También cambiar,
         creyendo que se regresa
         a esta edad
         en la cual se escarnece
         del peligro.
            (Traducción de Teresinka Pereira)
Llegué a Nice unos días después y Henri de Lescoët acababa de morir, a los 95 años de edad, sin llegar a recibir el Nobel. Entonces entendí el poema que me había enviado. Desde entonces el tema me dejó recelosa…
Sin embargo Jaime Kozak siendo tan excelente como estos poetas citados, es todavía joven comparado con ellos. Parece que se siente maduro, de una madurez positiva, como lo dice en su poema “La madurez no es la muerte”: “es el fuerte puño/ que cubre el pan”. (p.87). Todo en el libro me parece listo, no por vejez, sino por la “certeza de muertes próximas”. Y es que la muerte de amigos nos dejan culpables, por mayores que sean ellos.
Uno puede empezar a sentir el peso de los años con mucha antecedencia, como el dramaturgo romano Terencio que a los treinta años ya decía que “La vejez es en sí misma una enfermedad”. Pablo Picasso no creía lo mismo, porque a los 92 años decía: “Lleva mucho tiempo para volverse joven”. De esto vemos que edad, vejez, madurez es cuestión de sentir las circunstancias. Jaime Kozak dice en el poema “Sólo hay que andar”:
         Veo frondosos valles de vejez,
         mientras me palpo el mentón
         en acercamientos acuosos.
               (p.50)
HABRÁ OTRA VEZ es un libro de tres partes: FÁBRICA DE ALMAS/ LITURGIA PARA UNA OREJA/ HABRÁ OTRA VEZ. Cada parte corresponde a una etapa de vida, de la más joven a la mayor y tiene una buena unidad de temas y estructuras. En la primera parte, en el poema con el sugestivo título “Al otro lado del libro” encontramos que desde el principio el tema de la vejez gana el peso que va a dominar el conjunto. Por eso el libro se hace tan interesante para el lector de cualquier edad, porque lo que se tiene miedo al final no es a la vejez, sino a la muerte, principalmente la muerte del amor, estando uno todavía vivo. Es el miedo de vivir solo y sin amor. Pero la poesía del amor no muere nunca. Tampoco envejece, aunque uno pueda pensar que sí se puede. En esto, para finalizar, quiero citar los versos de “Al otro lado del libro”:
           Trabajo el oficio de envejecer
           donde no flojea el horizonte,
           y la bella constancia
           de lo que va a decirse,
           se repite exactamente
           sin trascendencia
           como un saludo incomprensible.
                (p.24)
Todos queremos la madurez de la poesía, y queremos a la vez que no envejezca nunca…

(1) Kozak, Jaime: HABRÁ OTRA VEZ. Madrid, España. Editorial Grupo Cero. 2014

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Desde que me cansé de buscar he aprendido a hallar.
Friedrich Nietzsche
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