domingo, 22 de junio de 2014

Graciela Bucci

Decretar el olvido

Matamos lo que amamos. ¡Que cese ya esta asfixia
                         de respirar con un pulmón ajeno!”
                                            Rosario Castellanos

no se puede
simplemente no se puede dar vuelta la hoja

pretender que no fue
que no hubo
que la historia no existió     que ni señal  que ni latido
simplemente           que no


no se puede decretar el olvido
hacer un pacto de universos disgregados
ignorar la piel  el pulso  la boca el recorrido  las frases   los 
                                                                            /silencios
y dejar el nudo disuelto entre las manos

es difícil digitar la desmemoria
jugar al ejercicio mentiroso
cuando se vio arder y consumir el fuego           no sirven las 
                                                                            /cenizas
hace falta     entonces
aceptar un proyecto blando de muerte personal
poner cal viva en la memoria
gritar los nombres y cerrar el pozo

definitivamente

para que no se escapen
para que no pretendan
reescribirse

en la hoja.


Insomnio

“…la noche del insomne
es un despeñadero sin fondo…”
Waldo Leyra (Cuba)

invoco el sueño arcano
gran ausente
ofrendo mi cuarto plagado de sombras
de sonidos confusos
vigilo la pared que me confina

me acechan quejidos desolados 
voces ahogadas en un túnel macabro
un puñal que lacera la herida
un resplandor de fuego en las tinieblas
dos ojos fijos           triunfantes
me observan desde el muro
oigo silbar el tren que se me fue hace tiempo
clamores ignorados       algún llanto
la cara del ausente
otra sonrisa tatuada en el cartón
manos inertes que asoman desde la tierra estéril
la corrida furiosa  
cuerpos enmarañados
una adherencia amorfa entre los labios
un río subterráneo entre las piernas
la precisión del dardo en la corola ingenua
nubes de polvo que muerden la garganta
el grito sofocado de la víctima
la sábana teñida con todos los colores del fracaso


mientras la noche
sigue cayendo sin piedad
como una gota ácida sobre la piel desnuda.


Poemas del libro abrir las puertas de par en par


Graciela Bucci. Buenos Aires, Argentina


--
Ningún árbol es fuerte sin continuos vientos; pues con ellos se fortifican sus raíces.
Lucio Anneo Séneca
--
             

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