domingo, 22 de junio de 2014

Alejandro Drewes

Al hermano, en su agonía

Pero aquí abajo la muerte
se paga viviendo
Giuseppe Ungaretti

*

Contigo hasta la final
estación de tu viaje

Pienso en el aire
de ti que se demora
aún en nosotros

Lejano el dios
de los vivos 
y los muertos
acaso sabrá 
lo que sentías entonces
lo que hubo de fugaz
en la celda simple

de las manos juntas
sobre tu pequeño
lomo  hirsuto y triste
como el mundo

y se apagaron 
tus ojos al fin
como un candil
en plena noche

Por un tiempo
han de seguir
tus orejas enhiestas
como estaban
en atenta escucha

Para ti sea toda 
la paz, hermano,
para ti en la fosa gris
que nos dejaste
con gemido.

                  6.6.14  9.50 am


No

Sabes, no dudo de ti, ni del tiempo
que ha de arriar inclemente
cada bandera. Has de llegar pues
sin aviso ni señas, y será
tal vez un domingo bajo la misma
lluvia que empapa el lomo de los perros
de Dios. Será como el paso
de un sueño a otro sueño
y otra vez otra mano
sutil ha de abrir la eterna partida
de ajedrez de toda ruina y olvido.


Mientras cae a plomo la noche

uno escribe bajo la sombra
fantasmal de las galaxias
otras líneas oscuras del Diario
deste viaje sin regreso

uno escribe como si nada pasara
como las marcas de agua nocturna
en hondo bosque, en plena tormenta

de Dios, uno escribe y el rayo de pronto
y la furia, y ese vacío infinito


Intemperie

Camino en mitad de la noche, ahí
donde no acude al conjuro la voz
que quisieras ni la sombra fiel de Lenore
bajo el círculo de oro llega. No,
sabes ya que no hay otro sol más allá

ni otro tiempo que hoy para el viaje
agotador de los huesos. Apenas un ligero
dilatarse la espera, un susurro del viento
entre las hojas del bosque, tan lento.
Y en cornisa buscarse, amanecer a lo lejos.

Windschief


Poemas tomados de AERA Revista de Poesía


Alejandro Drewes. Buenos Aires, Argentina


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El hombre grande es aquél que en medio de las muchedumbres mantiene, con perfecta dulzura, la independencia de la soledad.
Ralph Waldo Emerson
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