lunes, 19 de mayo de 2014

Sebastián Zampatti

Shhh...apaga esa boca
que ya es la noche.
Tu solo descansa,
relaja los brazos,
estira las piernas
que cuando estés recostada
encenderé la Luna
para que leas
un rato
y después te duermas.


No llovía. Pero la lluvia
no era todo,
tenían
otras cosas:
un par de nubes, las ganas
y en última instancia,
la ducha a seis pasos de la cama.

No llovía. Pero tenían un viento
del norte, cálido,
de esos
que queman las espaldas
desnudas
de los cuerpos desnudos
de los amantes desnudos.

Llovió. Llovió tarde,
cerca
de las tres de la mañana.
Y se levantaron, se vistieron,
y salieron a la calle
a amarse
en un callejón de esos
que a la mayoría los asusta.

Y se amaron. Como dos sedientos
bajo una lluvia fresca a las tres de la mañana.


¿Y el corazón? -preguntas
como si fuera duda que te amara.
¿Y el corazón? -me repito en el silencio…

¿El corazón?
El corazón, un pez en el océano,
un ave una mañana sin viento
sobre el canto de una rama...

¿El corazón? Tendido en una primavera.

El corazón en vuelo permanente,
un sapo alegre entre tus manos,
un hijo nuevo en tu vientre,
el corazón…

¿El corazón? Un grillo cantor,
un tierno corderito en la pradera
en los ojos de una bella pastorcita.

¿El corazón? Un niño saliendo de la escuela.


Quédate. Déjale el río
a los peces que lo nuestro es defendernos
de este abrir temprano de las oficinas
y este saludo a la bandera en los colegios de pago.

Esquivemos el juramento sucio de querernos
que a estas horas y por todos lados
va tocando las bocas de los matrimonios felices
convirtiendo los besos en las sobras de una cena familiar.

La prisa es la costumbre de los que no aman
y en los jardines, ya las hormigas salen por migajas
de hojas pero mi hambre
no se acaba en el café del desayuno
ni mi sed es de agua ni mis ansias de pan.


Si hoy pudieras
ver la tierra
desde el espacio
estoy seguro que verías
por todas partes llamas
resistiendo al viento
inquietas por seguir ardiendo.



Sebastián Zampatti. Tandil, Buenos Aires, Argentina


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Sólo aquéllos que se arriesgan a ir demasiado lejos pueden descubrir hasta dónde se puede llegar.
T. S. Eliot
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