viernes, 29 de noviembre de 2013

Robert Gurney

-St. Albans, Inglaterra-


El sueño

Estamos a finales de agosto
de mil novecientos cuarenta.

Estoy sentado en la mesa
tomando una cerveza
en un lugar que se llama
‘The Salisbury Arms’
que se hallaba en el pasado
en la esquina
de las Calles Windsor y Wellington.

No escucho otra cosa
que el tictac fuerte
del reloj de la patrona.

Hay un estruendo terrible:
una bomba de la Luftwaffe
da en el blanco,
el pub está en ruinas a mi alrededor
pero, no sé cómo,
estoy bien.

Cuando el polvo se disipa,
veo una señorita,
la “head girl”,
la primera alumna
de un colegio del barrio,
que andaba con mucho cuidado
por los escombros.

Ella ve a un hombre uniformado
sentado, silencioso,
bebiendo a sorbos.

“¡Lo viste también!”
le dijo a ella más tarde la patrona.
“Es el fantasma del bar.
Lleva años aquí”.

Parece que él estaba ajeno
a lo que le rodeaba,
tanto como lo era yo.

The Dream

It’s the end of August,
nineteen forty.

I am sitting at a table
having a beer
in a place called
‘The Salisbury Arms’
which once stood on the corner
of Windsor and Wellington Street.

All I can hear
is the loud tick-tock
of the landlady’s clock.

There is a terrible roar:
a direct hit
from a Luftwaffe bomb.
The pub lies in ruins around me
but, somehow,
I am all right.

When the dust clears,
I see a young lady,
the head girl
of a local school,
picking her way
through the debris.

She sees a man in uniform
sitting quietly,
sipping his drink.

“You saw him too!”
the landlady of the pub
says to her later.
“He’s the pub ghost.
He’s been here for years.”

It seems
that he was oblivious to it all,
as was I.


1940

Un niño se detiene
en el umbral de la tienda
que vende diarios
en la Calle Langley,
en la parte antigua
de Luton.

Mira el cielo
por encima de los techos de tejas
de las casas aledañas.

Las trayectorias de estelas de humo,
serpenteando como spaghetti
marcan el combate aéreo
que se libra allá en el horizonte
sobre Luton Hoo.

Ese mismo día
ve una línea de humo negro
extenderse cada vez más larga
hacia el sur y el este.

“Un bombardero alemán,
quizás”, alguien dice,
“tratando de escaparse”.

1940

A child pauses on the doorstep
of the newsagent’s shop
in Langley Street,
old Luton.

He looks up at the sky
above the slate roofs
of the terraced houses.

The trajectories of vapour trails,
curling spaghetti-like,
mark the dog fight taking place,
low on the horizon
over Luton Hoo.

That same day
he sees a trail of black smoke
growing longer and longer,
as it heads south and east.

“A burning German bomber,
perhaps,” someone says,
“trying to get away”.


La horma de sombrero 

Miro a menudo 
el bloque de madera 
que tiene forma de cabeza
que mi padre trajo a casa
hace mucho tiempo.

No tiene ojos, ni orejas, 
ni nariz, ni boca. 

Parece que 
la cara ha sido borrada 
aunque, claro, 
nunca la tuvo.

A pesar de esto, 
al tocarlo, 
el molde liso y redondo 
parece inteligente.

De niño, me encantaba 
pasar la mano por él. 

Aún sigue siendo así.
Tengo la sensación 
de que es él.

Está ahora en el cobertizo, 
al fondo del jardín, 
mirándome. 

The Hat Block

I often look 
at the block of wood 
shaped like a head
that my father brought home 
a long time ago now.

It has no eyes, no ears, 
no nose, no mouth.

It seems as if the face
has been erased 
although, of course,
it never had one.

In spite of all that, 
the smooth round block 
feels intelligent.

As a child, I loved 
running my hand over it. 
I still do.

It feels like him.

It is now in the garden shed, 
at the top of the garden, 
looking down at me. 


El Hombre Sandeman

‘¡El coco te va a agarrar!’
es lo que nos decían,
cuando hacíamos algo malo,
el único problema consistía
en no saber qué cosa era 
o quién era el coco.

No podíamos imaginar 
cómo era.

Por la ventana 
de la Sala de Lectura 
de la antigua biblioteca Carnegie 
podías oír, si te esforzabas,
los gritos del vendedor de periódicos 
y el taconeo de los zapatos
que entraban y salían 
del Midland.

Nosotros, los niños, 
no entrábamos más allá del póster
en la pared del vestíbulo.

Representaba el Hombre Sandeman 
dándonos la espalda
con el sombrero de anarquista
y la capa negra 
que bajaba hasta el suelo, 
el vaso de jerez seco levantado,
(¿o era vino de Oporto?) 
mientras contemplaba 
lo que parecía 
un veneno peligroso.

Para nosotros, 
él era el coco. 

The Sandeman Man

‘The bogeyman will get you!’ 
That’s what we were told, 
when we did something wrong.

The only problem was 
that we didn’t know 
what a bogeyman was.

We couldn’t imagine 
what one looked like.

Through the Reading Room window
of the old Carnegie Library
you could sometimes hear, 
if you really tried, 
the cries of the newsvendor,
and the click of high heels
going in and out of The Midland.

As children, 
we got no further 
than the poster on the wall 
just inside the hall.

It showed the Sandeman Man,
with his anarchist’s hat
and his back towards us,
his black cloak down the ground, 
his sherry glass raised
(or was it port?),
as he contemplated
what looked like 
a dangerous potion.

For us, 
he was the bogeyman. 


Poemas del libro bilingüe La Libélula y otros poemas. The Dragonfly and Other PoemsLord Byron Ediciones, Colección Prometeo Desencadenado. 2013
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No tengamos temor de los que están encaramados, porque lo que nos parece altura es despeñadero.
Séneca
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6 comentarios:

  1. Me encanta como Bob recrea su pasado con armonia y poesía. WELL DONE, dearest BOB!
    Abrazos
    Marta

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  2. I like how your english and spanish intertwine. You make it

    feel like just one language.

    Abr Mgt

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  3. I just recieved this message form Bob Gurney, which I would like to share with you, please.
    Thank you!
    Marta Zabaleta

    Thank you, Marta, for your words of encouragement and constant support.
    Un fuerte abrazo
    Bob

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  4. 1940, Mientra hay hombres que maquinan la GUERRA; hay otro, "GRANDES HOMBRES" que pueden decir hacer lo contrario, y mostrar un mundo como Robert Gurney, muy bueno! Graciela

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  5. Como siempre una delicia leer los poemas de Bob!
    Abrazo

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  6. Queridos Marta, Margaret, Graciela, Miguel:
    Gracias por su lectura y sus conceptos
    Un saludito cordial
    Analía

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Analía Pascaner