viernes, 29 de noviembre de 2013

Gustavo Vaca Narvaja

-Córdoba, Argentina-


Aún

Cuando no te encuentre, segura estarás en esa comarca de privilegio. No sé cuánta es la distancia, ni cuántas nubes te acompañan hoy, o ayer, o mañana, en esos trayectos silenciosos. No lo sé, pero curiosamente la distancia se hace corta y musical. ¿Será que el espacio es un mar? ¿O una larga meseta infinita? No lo sé, pero hay un lazo de seda, un lazo de recuerdos intactos que hacen despertar alboradas. No lo sé, pero allí estabas con una sonrisa premiada de pudor y la pureza de tus palabras.


¿Eres tú acaso?

Eres… tú, acaso, esa mujer engalanada de tules? ¿La misma? Me pregunto qué pasaría si esa delicada seda cae y desnuda tu cuerpo, y reapareces… ¡como Betsabé!, la ingenua y bella pálida de Memling, con su desafiante postura, o con el desafío voluptuoso de la ¡Olimpia!, o ¡Magdalena!, o tal vez la Venus dormida, Venus de Urbino, ¡todas!, todas ellas, reclinadas en ensueños y delicadas manos izquierdas cubriendo ingenuamente el deseo. ¡Oh!, esa piel cuya pátina se ignora, embelesa tu cuerpo delicado; me lleva enceguecido a besar tu cuello desnudo, quedando luego desmayado entre tus dos pechos mellizos, con sus fresas punzantes, señalando el sendero que lleva a buscar tu Venus y encontrar el misterio amoroso, deslizado de tus muslos. ¡Ah!, me desmorono humildemente, despeñado sin protesta a tu miel, avivando la caldera que emerge inquieta en dos cuerpos encendidos a extrañas formas. Y si esa delicada seda cae y desnuda tu cuerpo, y reapareces inquieta desde un peñasco de sombras, segura del camino que bajas a recorrer, clamo: “¡Regresa!, ¡ve al camino del reencuentro, engalanada de tules y sedas!”. Y reapareces… ¡como Betsabé!, la ingenua y bella pálida de Memling.


Ojos

Ah, tus ojos!, revelación de la dama con armiño que Leonardo da Vinci plasmó en tela… ¡Quién diría! ¡Quién se atreve a desmentir que de esas esferas sin lágrimas, llegan magnificencias de primaveras de colores, y floraciones de sensaciones renaciendo de vida! ¡Qué interesa que haya heridas! Heridas…, heridas aún abiertas por dagas de errores mansos, si en tu lenguaje silencioso cobijas tanta ternura. ¿Es acaso la palabra, la palabra muda nacida de tus labios, la que despierta fuego? Un fuego deslizado inerte, indolente que quema, como si la roja lava de volcanes rugientes escapara al encierro. ¡Ah, tu boca! ¡Quién diría! ¡Quién…, quién se atreve a impugnar que esos dos belfos cantan!


Nubes

Y…sí. He visto dos ciclópeas nubes albas, níveas, desfilar frente mío. Parecen dos barcos sin rumbo; dos navíos abrazados, sólo dos muy cerca, muy bajas; casi logro acariciarlas sobre un olimpo gris…, gris vaporoso. No era mar, sólo un vacío taciturno, lánguido de borrascosos relámpagos, zigzagueando incandescentes y veloces en un limbo gris. Dos nubes muy blancas se licuaron en un hálito de viento que las multó a perder su forma mágica. Ya no son dos bardas blancas; son pequeños nimbos, deambulando en un edén gris.


No me despierten 

No me despierten… Mis ojos descansan evocando un pasado de imágenes gráciles, semejando hojarascas húmedas que flotan, deshojadas de sus ramas en un espacio cuantioso, iluminado con fulgores de sueños, enervados de trajinar espacios oscuros que, liberados en frenesí de danzas errantes, emergen alborozados, mientras que el aturdido y ambulante camino, en una febril claridad vacilante el cielo falsifica, con pasmosa solemnidad, el asedio del tiempo y la fiereza de la espera. No me despierten… si no tienen una excusa válida y novedosa que justifique hurtarme este sopor de armonía.


Del libro Sueños Calmos. Poesía en prosa. Colección Sur de Poesía, Ediciones de La iguana, 2012
  
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Logro resistirlo todo, salvo la tentación.
Oscar Wilde
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2 comentarios:

  1. FELICITACIONES A Gustavo Vaca Narvaja, ME CONMOVIO LA COMPOSICIÓN DE SUS TEXTOS ! UN GUSTO LEERLOS

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    1. Gracias por tus conceptos, querida Graciela.
      Mi abrazo y mis mejores deseos
      Analía

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Analía Pascaner