sábado, 15 de junio de 2013

Andrés Bohoslavsky

-Desde algún lugar del mar-


Una noche en bosque-poesía

                                             a Allen Ginsberg
     
Remontando el río, a través de la colina
hundí mi caña y esperé por la pesca
que, sabía de antemano se haría esperar
lo cual no era bueno ni malo, sino parte de un ritual
en el que los peces se niegan a ser engañados, y yo también

unos ruidos extraños y unas luces de neón a medianoche, en el bosque
llamaron mi atención
me acerqué sin ser visto
y pude observar a los viejos impostores de siempre
su corte de adulones intacta
y un numeroso grupo de jóvenes con rostros de débiles mentales
reptar cerca de sus tótems, con la respiración entrecortada
y la baba deslizándose por la comisura de sus labios

el suceso que veía era tan interesante
que no pude hacer otra cosa que abandonar mi móvil original
y decidirme a tomar nota de aquellos detalles
que aquí relato

luego de esos extraños ritos mencionados arriba
comenzó lo que algunos vanidosos llamaron:

Lectura de los jóvenes poetas: un panorama de la poesía actual

diecinueve de ellos, mascullaron algunas palabras
emocionados unos, fríos otros
pero con un conmovedor denominador común todos:
el vacío absoluto

la escena se completó con un cerrado aplauso
que parecía no tener otro fin
que ahuyentar los pocos pájaros que huían confundidos

más tarde llegó el turno de los consagrados
bajo el lema-rótulo:

Grandes valores de la poesía eterna

encarnados ellos con trajes de oficinistas
y grandes plumones en la cabeza ellas

el primero en leer, sufrió un ataque epiléptico
que concluyó cuando el segundo, parado sobre su cuerpo convulsionado
arremetió contra el público, sentenciando:

¡El show debe continuar!

el rebaño estalló en un griterío infernal
hecho que no pude distinguir si se debía a la lectura
o al silenciamiento de la víctima

la poesía del segundo
sin duda estaba influenciada por los haikus japoneses
ya que solo pronunció siete palabras:

Nosotros
los mejores
¿quién duda de ello?

el coro de oligofrénicos se arrojó sobre él
tirándole de los pantalones, besándole los pies
mientras una especie de guardia SS
los empujaban del escenario hacia abajo
a la par que los parlantes reclamaban
orden silencio respeto
bases de nuestros sistemas modernos y civilizados

así el panteón de los dioses fue completando la noche
desfilaron los poetas ancianos
leyendo sus textos como bandos sacramentales
extraídos de viejos papiros
expulsando gérmenes de bronce
que estallaban en contacto con el aire

luego pasaron los de los 70’s
con remeras del Che
sin darse cuenta que los que lucharon de verdad
no escribían poesía

y los de los 80 y 90
con sus discursitos inmaculados
por unas máquinas que había a los costados
que poseían carteles que rezaban:

Esterilice su texto, contribuya a la limpieza de la poesía

así se sucedió un sinnúmero de personajes
como en una fauna monstruosa y cadavérica
grotesca & canalla
absolutamente desprovista de un grano de belleza o emoción

pero algo vino en ayuda
no de mí, sino de la humanidad toda:
el volcán que dominaba la colina
estalló repentinamente y cubrió todo
con su fuego purificador
y la lava arrastró hasta el valle
lo que componía este encuentro:

poetas / máscaras / atriles / sombreros / vestuarios / maquillajes / luces / máquinas
y hasta la baba putrefacta
dejando tierra arrasada
que es metáfora del presente y esperanza del futuro.

Desperté sobresaltado de este sueño en el camarote
y pese a que han pasado varios días
no alcanzo a develar los simbolismos de aquél
que hoy recuerdo como una extraña pesadilla
que tanto me sigue sorprendiendo.


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La huella de un sueño no es menos real que la de una pisada.
George Duby

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